Una
unidad de comunicación
Un establecimiento comercial siempre es una unidad
de comunicación. Pero al tratarse de una dietética,
la necesidad de comunicación se vuelve más
evidente, más sensible, porque estamos frente
a una megatendencia, un cambio de sistema de vida
y nuestros clientes demandan informaciones precisas,
concretas, constructivas y honestas.
No es exagerado considerar y sostener que toda la
dietética, en sí misma, funciona como
una gran unidad comunicativa. Por lo tanto, vamos
a comentar y sugerir acciones en todos los ámbitos,
desde afuera hacia adentro.
En alianza con los proveedores
Nuestros principales proveedores, además de
productos, aportan información y elementos
de trabajo para potenciar la actividad comunicativa.
El hecho de bien utilizar ese conjunto de recursos
constituye una acción en conjunto, una alianza,
ya que estamos todos en el mismo camino, con propósitos
coincidentes y beneficios complementarios.
Hemos visto mucho material desperdiciado y mal utilizado.
Material costoso en la mayoría de los casos.
Para dar un ejemplo contable: tomemos el caso de un
exhibidor que puede tener un costo unitario de $ 20.-
Nos es caro, pero caso el proveedor tenga que disponer
de 1.000 exhibidores, estamos frente a una inversión
de $ 20.000.- Importe que se gasta sí o sí
y que en muchos casos no cumple con su función
de “vendedor silencioso”, porque le damos
un uso limitado. Es como tirar dinero en un momento
tan especial de la crisis, momento en que todos necesitamos
generar productividad y rentabilidad.
Otro aporte significativo de los proveedores es el
folleto. Existen muchos folletos que traen información
didáctica y que son buscados por nuestros clientes.
Algunas dietéticas asignan una ubicación
adecuada para que el propio cliente elija. Esto es
positivo. También se destaca la técnica
de la distribución activa, es decir, incluir
folletos en la bolsa con mercadería. Para esa
práctica es recomendable adoptar una programación,
por ejemplo, durante esta semana trabajar intensamente
el “Té verde” y durante la semana
próxima distribuir un folleto sobre las propiedades
de la lecitina. La práctica de rotar la distribución
se orienta a que todos tengan un lugar en nuestro
corazón, ya que el sol nace para todos. También
es lícito distribuir folletos que promocionen
los productos de nuestro interés, es decir,
aquellos con quien trabajamos en alianza.
En cuanto a la distribución activa de folletos,
se recomienda también tener un atado, perforado
y colgado (con un hilo). Ese atado (ese manojo) debe
estar afuera, en el bicicletero (o en la reja), para
que la gente que pasa pueda sacar uno (caso así
lo quiera, porque nadie está obligado). Por
lo general, tales folletos son de una característica
que en publicidad se llama “agrupamiento”.
Es, más bien, una táctica del marketing
de guerrilla. Consiste en colgar folletos de un tema
específico, ejemplos: artritis, hemorroides,
colesterol. Pero solamente un tema de cada vez. Todos
los transeúntes que se identifican con el asunto
se llevan espontáneamente un folleto. Después,
algunos vuelven. Eso permite captar un público
que habitualmente no es nuestro cliente. Al contrario,
si nos limitamos a distribuir folletos solamente adentro
del local, siempre llegamos al mismo público.
Por otro lado, al extender la repartija puertas afuera,
podremos captar clientes nuevos, incluso y especialmente
llegamos a gente que nunca antes entró a una
dietética. Así es, existe todavía
mucha gente que nunca pisó el territorio de
un almacén naturista. Necesitamos captar gente
nueva, sumar adeptos y los folletos de “agrupamiento”
permiten captar un público que se siente incluido
en cierto grupo de personas. Un tipo de agrupamiento,
además de los ya referidos puede ser: “celulitis”.
Para facilitar esa práctica de “colgar
folletos”, compruebe que algunas empresas ya
entregan su material publicitario con una perforación
(un agujero). Si usted aprovecha ese material, estará
trabajando en alianza.
Comenzando por afuera
Existe una gran unidad de comunicación que
es la dietética en sí misma, vista desde
afuera, vista por quien pasa y mira hacia adentro.
La puerta, la vidriera y todo lo que de una dietética
es visible desde afuera, debe funcionar como un gran
elemento de comunicación visual y conceptual.
Los elementos que visten la dietética y que
refuerzan el concepto se conocen como “impulsores”.
Por lo tanto, desde el nombre, hasta los productos
expuestos y los carteles, todo eso conforma un conjunto
visual y comunicativo. Existen muchas técnicas
consagradas, estudiadas y que dan resultado. Eso no
quiere decir que todo ese saber (hoy disponible) se
use en nuestros locales. Como regla general, casi
todo el comercio argentino tiene falta de brillo y
merecería un gran lavado de cara y esto no
es fruto de la crisis, sí puede ser de la falta
de ganas, del mal gusto y de asesores que no conocen
lo que dicen conocer. Las dietéticas no escapan
a esa pobreza de estilo. Pero no se desanime, no estamos
solos, hay casos más graves y que nos ganan
de goleada.
La identificación visual externa será
tema de una futura nota, ya que el asunto es amplio.
Ahora, para hacerla corta, hablaré en forma
de resumen conclusivo: todo lo que se ve desde afuera,
debe ser renovado semanalmente. Semanalmente, dije
bien. Así como un diario envejece, las noticias
también envejecen y la vidriera también
envejece. Por eso, tanto la vidriera como así
los afiches y los productos en exhibición deben
ser renovados semanalmente. No quiero exagerar pero
algunas dietéticas exhiben un estuche de lapacho
ya viejo, la misma levadura de cerveza desde el año
2002. Otras conocidas vidrieras tienen unas tisanas
que se usaron en el arca de Noé. Pensemos que,
en comunicación, el mismo estímulo constante
siempre satura y se convierte en paisaje, en parte
integrante del medio ambiente y ya no comunica. Por
lo tanto, vidriera es “news”, es noticia,
es novedad.
Helio
Perotto
helioperotto@gurfi.com.ar
|