Ya
desde niños nos obligaban a comer zanahorias
“porque hacen bien a la vista”. Nada erradas
estaban nuestras madres. Efectivamente, las zanahorias
abundan en betacaroteno, sustancia que el organismo
transforma en vitamina A. Pero lo más interesante
son las propiedades anticancerígenas del betacaroteno.
Según
investigaciones de la Universidad de Cornell, en
Nueva York, el ácido retinoico que el organismo
produce a partir de los carotenos, es capaz de bloquear
la división incontrolada de células
que produce el cáncer. Esto es debido a las
propiedades antioxidantes del betacaroteno, que
neutralizan los tan mentados radicales libres y
que acometen contra las células sanas hasta
llegar a alterar el ADN.
En la Universidad de Cornell,
los estudios también establecieron que los
betacarotenos brindan una mayor respuesta inmunitaria
frente a los rayos ultravioleta, incluso que protegen
contra la acción oxidante de esa radiación:
“una suplementación de betacaroteno reduce
la incidencia de la destrucción del pigmento
epitelial de la retina inducido por los rayos ultravioleta”.
“Desde el punto de vista dermatológico,
el betacaroteno tiene un papel fotoprotector, ya que
es capaz de absorber los rayos ultravioleta en ligeras
dosis”.