Hola
querido lector:
Desde la tapa te hablo de este experimento que llevamos
adelante con el nombre de vida.
Y fijate que me parece que de los miles de millones
de personas que habitamos este planeta, es poco
probable que hayan dos vidas que se desarrollen
iguales.
Porque cada quien tiene lo suyo, cada uno con su
bagaje de experiencias y su forma particular de
entenderlas.
Así, de los mismos padres nacen hijos diferentes,
que entienden un mismo hecho de distinta manera.
Todos representando eso que somos, como podemos.
Como ya te habrás dado cuenta, no resulta
nada fácil llevar adelante una vida. Y generalmente
los demás nos dicen lo que debemos hacer,
pero -siempre- hacemos tan solo lo que podemos.
Sí, aunque lo que se haya hecho sea poco
o muchísimo, siempre hicimos lo que pudimos.
Porque todos tenemos dragones que vencer en las
experiencias que enfrentamos. Siempre hay un dragón,
que va tomando distintas formas: a veces se disfraza
de enfermedad, a veces de soledad, otras nos quiere
vencer el dragón de la injusticia, o el del
miedo; como un monstruo que va cambiando y tomando
distintas formas.
Cada uno con su dragón. Y solamente cada
uno sabe dentro suyo cuánto le cuesta vencerlo.
Hay que estar en el interior de una persona para
saberlo.
Siempre, desde que nacemos, estamos enfrentándonos
a pruebas. Parece que esa es la única forma
que existe para superarnos y crecer.
El tema es que, de tanto matar dragones, llega un
momento en que uno se encuentra cansado. Y ya no
nos quedan ganas de luchar más.
Puede que ese sea un momento clave en una vida.
Como si fuera una bisagra que nos indica que ya
tenemos que cambiar de rumbo. Y en lugar de buscar
dragones que vencer, dejarnos llevar.
Dulcemente, confiadamente, dejarnos llevar por la
vida y que ella misma nos marque el camino a recorrer.
A veces sucede luego de una mirada introspectiva
que nos hace preguntarnos para qué seguimos
luchando. Hay muchos momentos que nos conducen a
ese cambio que luego resulta fundamental. Lo ideal
es que nos demos cuenta a tiempo, cuando todavía
tenemos "cuerda".
Son muchos los que relatan que cuando dejaron de
buscar dragones que vencer, se dieron cuenta que
sus monstruos eran ángeles. Bondadosos ángeles
que mostraban caminos posibles y enseñaban.
Te propongo, ahora que está por finalizar
el año, que recuerdes a todos los dragones
que venciste a través del tiempo, que los
saludes, le agradezcas lo que te enseñaron,
y brindes por ellos.
Un
abrazo.
Marta
Susana Fleischer