Como
médicos nos enfrentamos al dolor diariamente
en diferentes circunstancias.
Traté de
investigar de donde venía esta palabra, para
mi asombro observé que en francés, al
igual que en otras lenguas romances, se usa el término
construido sobre la raíz latina "dolor".
Significativamente,
tanto el francés "doleur" como el
inglés "pain" no separan el dolor
físico del dolor mental.
Según el
contexto donde se lo utilice, se lo puede traducir
fácilmente por angustia o dolencia, como el
término francés "peine", cuyo
rango de connotación va de pena y castigo hasta
aflicción y tristeza.
Algunas lenguas
asiáticas propenden a definir el dolor, no
tanto como un sustantivo, sino con los distintos adjetivos
calificativos que suelen acompañarlo.
La historia no ofrece
en este terreno algo más firme, por ejemplo
Aristóteles consideraba que el dolor era una
emoción como la alegría, mientras que
Descartes lo cree una sensación como de frío
o el calor.
No podemos sufrir
un dolor a secas, sino que siempre nos vemos obligados
a buscarle un sentido. Es interesante esto de darle
sentido al dolor en el desarrollo que adquirió
la escuela de logoterapia del Dr. Frankl.
En este proceso
de dar sentido, pensaba en aquellos individuos que
padecen de dolor, buscan y a menudo consiguen una
explicación personal satisfactoria de lo que
sucede, pero el proceso de interpretar el dolor acontece
a nivel de las culturas y subculturas.
Cuando caemos en
el dolor, caemos en la red de significados y significantes
ya construidos. En este pequeño recorrido que
fui realizando con no poco dolor, recordaba que mis
primeros años en la E.M.HA. leía las
historias clínicas que tomaba el maestro Paschero
y resultaba llamativo que solo tomaba 2 ó 3
síntomas para diagnosticar a un paciente, de
los cuales uno era el dolor local modalizado y lo
llamativo de esta jerarquización es que estos
síntomas abrían el camino a la comprensión
profunda de estos pacientes para observar su posterior
curación.
Desde los tiempos
hahnemannianos, los síntomas mentales son aquellos
que revisten mayor jerarquía al momento de
realizar una repertorización de un paciente.
Me preguntaba de
donde había salido esta genialidad del Dr.
Paschero al tomar un síntoma local y analogarlo
a un síntoma mental.
¿Era esta
una forma de descategorizar los síntomas mentales?
Me fui dando cuenta
de que mi pregunta transitaba por otro lugar: ¿Qué
es lo que modaliza a los síntomas particulares,
sino aquella sensación individual de cada paciente?
Entonces esa forma
particular de modalizar el dolor que son las sensaciones
que lo acompañan, ¿no pertenecen a la
esfera mental?. ¿No son formas de sentir, de
padecer, de sufrir? ¿no deberían formar
parte de los síntomas mentales?
Sin embargo todas
estas sensaciones aparecen en el repertorio de Kent
acompañando a los rubros generales y particulares.
En un ateneo, hace
poco tiempo, lo vi al Dr. Marcelo Candegabe reclamarle
al maestro Paschero porque se había llevado
ese secreto a la tumba.
Pero ésta
no era una historia de dolor ausente como lo expresaron
Hell-Stram y Opium.
Esta es una historia
de dolor, en la cual es muy difícil acercársele,
tomarlo y mucho menos categorizarlo con la genialidad
con que Paschero lo hizo, con el valor de un síntoma
mental.
Dr.
Sergio M. Rozenholc
Médico
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