El tremendo peligro que encierran las
organizaciones místicas pseudo-iniciáticas
(o bien contra-iniciáticas) va mucho
más allá del riesgo de enfermedades
mentales para sus adherentes y pocas veces
ha sido advertido en toda su magnitud
Debemos
a esta altura definir a la Iniciación
y solo cabe hacerlo como la transmisión
de una influencia espiritual. Pero esto requiere
indefectiblemente que quien la transmite o
imparte la haya recibido realmente. Este hecho
esencial reduce las verdaderas y genuinas
Escuelas Iniciáticas Tradicionales
a unas muy pocas. El resto, es decir la enorme
cantidad de grupos neo-espirituales que hoy
pululan por el mundo incluyendo aquí
a los espiritistas, teosofistas, la totalidad
de sectas "New Age", etc. solo pueden
encasillarse en el territorio de la pseudoiniciación
y de las fantasías individuales de
pretendidos "Maestros". Y esto cuando
no desembocan directamente en la mencionada
contrainiciación. O sea exactamente
lo opuesto de lo que se pretende y se pregona
alcanzar...
Para
comprender un poco mejor toda esta categoría
de hechos se hace ahora menester denunciar la
permanente confusión que reina hoy entre
psiquismo y espiritualidad. Quede esto muy en
claro pues no faltan los ingenuos que
identifican lo esotérico con las meras
moralidad y creencia y, lo que es aún
más triste y absurdo, con formas de psiquismo
diversas, mancias y adivinaciones e incluso
con la sensualidad más o menos refinada.
No se equivocaba Guénon cuando señalaba
como uno de los males de nuestro tiempo
a esa confusión permanente que hemos
mencionado entre el psiquismo y la espiritualidad.
Cuán frecuente es oír desatinos
tales como "Esa señora es muy espiritual.
Además de ser vidente tira muy bien
el tarot". O bien nos endilgan cosas
tan aberrantes como "Yo soy muy "evolucionado".
Después de una opípara comida
me encanta escuchar buena música".
Naturalmente en tales casos el hedonismo se
halla presente pero la espiritualidad no...
Y nótese de paso que es una gran tontería
hablar de evolución espiritual: la evolución
es un fenómeno esencialmente temporal
y el espíritu (entendido como Chispa
Divina en el ser humano) es esencialmente atemporal.
Tras
estas extensas pero necesarias consideraciones
podemos entrar de lleno en el tema del ocultismo.
Y aquí
la consideración fundamental que lo distingue
netamente del Esoterismo Tradicional es el ¿PARA
QUE?
El ocultismo
no persigue la realización espiritual
sino y ante todo lo fenoménico y curioso.
De hecho
el ocultismo como grupo (y no como línea
de pensamiento) tiene origen moderno pues se
origina en Francia a fines del siglo XIX. Guénon
atribuye la palabra misma "ocultismo"
a Eliphas Levi (Alfonse Louis Constant). Esto
en sustitución de la expresión
"ciencias ocultas" usada hasta entonces.
Posteriormente el vocablo fue retomado por Papus
(Dr. Gérard Encausse), el Conde Piobb
y otros. Pero si bien existió aquí
una tendencia muy marcada a lo fenoménico
y paranormal faltó siempre hasta hoy
una doctrina de base, una unidad de pensamiento.
Lo que contrasta precisamente con la unidad
monolítica de la Tradición Esotérica.
Ello era
inevitable debido precisamente a esa diversidad
de componentes heterogéneos. Con los
años se ha ido marcando más y
más en la corriente ocultista el interés
por las mancias adivinatorias, los poderes curativos
y, en las últimas décadas, los
platos voladores.
Todo
esto se sumó a los intereses de partida,
fuertemente condimentados de nociones provenientes
de la magia, teosofismo, espiritismo, cábala
y hermetismo. Es indiscutible que las fantasías
de los diversos autores llevadas a menudo hasta
un punto increíble jugaron un gran rol
en el desenvolvimiento del ocultismo. Para una
síntesis histórica remito a Guénon
"El error espiritista", Cap. V.
Una característica
muy marcada de la corriente ocultista fue pretender
desde el vamos dar una apariencia "científica"
de erudición a sus disquisiciones. No
lo logró hasta hoy por cierto, pero esto
es el mejor porvenir que se le puede augurar
a este movimiento singular. Su interés
siempre acuciante por los fenómenos extraños
puede muy bien llevar a los ocultistas a la
observación y control serios y rigurosos
de éstos empleando los recursos de la
ciencia ordinaria. Y esto es lo mejor que podría
ocurrir ya que así se despojará
gradualmente al corpus ocultista de todas las
inconsistencias, fantasías y faltas de
seriedad que lo caracterizaron hasta hoy.
Y en cuanto a espiritualidad no hay que buscarla
por cierto aquí pues no se encuentra
ninguna. El objetivo ocultista, reitero, es
otro: lo fenoménico. Y en eso permanece.
Cuando no lleva por caminos mucho más
peligrosos...
Dr.
Carlos Raitzin
spicasc@sinectis.com.ar
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