Es
muy cierto que en tiempos de intensa turbulencia
como los que vivimos es dificultoso para algunas
personas, practicar modos de meditación que
requieren un recogimiento especial.
En tales situaciones existenciales, es beneficioso
practicar la meditación sustentada en el
movimiento como la danza sagrada y los rituales,
así como en el canto y la entonación
de sonidos vocales (mantras).
Una de esas modalidades de meditación, apoyada
en elementos objetivos, consiste en utilizar un
cordel unido en sus extremos como una “corona”
con 33 nudos o cuentas que representan escalas o
grados de evolución de la conciencia, así
como los años de vida humana del Logos.
Mientras se sujeta con los dedos cada una de esas
cuentas, se repite en forma rítmica y concentrada,
una invocación, ya sea recitada, entonada
o cantada. La lengua utilizada debe ser aquella
que mejor detone significados y resonancias ideo-afectivas
en el meditante y no debería exigir un esfuerzo
de comprensión y memoria como sucede cuando
se emplean fórmulas extrañas a nuestra
tradición cultural y a nuestras raíces
ancestrales. Es oportuno considerar que de ningún
modo es una “casualidad” o un error
haber nacido dónde y cuando lo hicimos.
La fórmula de la invocación suele
ser fija lo cual facilita el uso colectivo, si bien
tiene el inconveniente de no adaptarse al momento
anímico de cada persona. Por eso, cuando
la práctica devocional es privada, es posible
disponer de una diversidad de invocaciones para
ser empleadas alternativamente. En nuestra tradición
poseemos una amplia variedad de fórmulas
mántricas en forma de jaculatorias, letanías,
himnos, salmodias, etc., para expresar nuestras
vivencias espirituales y religiosas, de modo que
el practicante puede seleccionar aquellas que mejor
lo ayuden de acuerdo al paisaje vital en que se
encuentra.
Quizás necesita “entonarse” con
el Poder Supremo en términos de petición,
de ayuda, protección, consuelo, etc. Para
ese estado de conciencia hay bellas fórmulas
impetratorias, particularmente en los Salmos y sobretodo
en el ”Maha Mantra” que conocemos como
“Padre Nuestro”. Si en cambio, el devoto,
vivencia un proceso espiritual, en que necesita
recuperar la armonía con el mundo espiritual
que ha perdido por errores cometidos y necesita
expresar su firme propósito de reparar y
compensar el daño causado a sí mismo
y a los otros seres, podrá utilizar fórmulas
penitenciales.
A veces vivimos momentos en los cuales nuestra alma
está inundada de sentimientos de gratitud
y alegría hacia la Divinidad y necesitamos
expresar esta expansión vital, en términos
de alabanza y celebración, para lo cual disponemos
de numerosos mantras “eucarísticos”
(acción de gracias).
Finalmente, todos estos procesos anímicos,
culminan como la pirámide escalonada, en
las “alturas”, es decir, en el reconocimiento
de la “Divina Presencia” como piadosamente
lo expresa la invocación Cabalística
“Padre Nuestro que eres Infinito, en Esencia,
en Presencia y en Potencia...” Entonces ingresamos
en el estado de adoración o “Latría”
dónde todo se desvanece en la Luz Pura.
De este modo, a medida que recitamos el mantra elegido,
y los dedos repasan las cuentas, vamos tejiendo
en forma anticipada, la Diadema de la Hermosura
con la que seremos coronados (Epopteia), cuando
ascendamos al Reino de las Almas Liberadas luego
de culminar nuestra peregrinación.
Invocaciones
y afirmaciones sugeridas para el rezo de la corona:
.Las siete peticiones del Padre Nuestro
.Las tres afirmaciones y tres peticiones del antiguo
Himno latino “Christus vincit” cuya
versión se trasmite personalmente.
.Dios es Luz, Vida y Amor. Soy Uno con El y de El
procedo como la luz procede del sol. En el me sustento
como la ola en el mar
.Todo procede del Uno. Todo retorna al Uno. En El
vivimos, nos movemos y somos.
.Difunde Tu Amor. Revela Tu Gloria. Ven Señor
Jesús!
.Santo, Santo, Santo, Señor, Dios Todopoderoso.
El que es, que era y que será, por los siglos
de los siglos.
.Amor y reverencia a la Poderosa Presencia Yo Soy.
Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, por siempre
jamás.
.Ven Espíritu Santo y enciende en nosotros
el Fuego de Tu Amor.
.Dios de nuestros corazones, Te alabamos, Te bendecimos,
Te adoramos, Te glorificamos. Te damos gracias por
Tu infinita Gloria
.En tus manos, Señor, encomiendo mi Espíritu.
Bajo la sombra de tus alas, protégeme.
.Venga a nosotros Tu Reino. Tu Paz, Tu Luz y Tu
Bondad, cubran la Tierra.
.Ven Espíritu Santo, infunde mi ser con Tu
efulgencia Divina.
.Amen. (Este mantra es uno de los nombres Divinos.
Es el Gran Amén o Amón-Ra de los antiguos
egipcios .Con este término se hace referencia
al “Dios Morador” o “Chispa Divina”).
El mantra tiene el propósito de evocar ese
poder interno para su manifestación.
Lo
importante:
Cada uno debe purificarse a sí mismo para
que se le revele su “Palabra de Poder”
y forjar su propia Diadema.
Prof.
Carlos A. Papaleo
Lic. en Filosofía y Psicología
carlospapaleo@arnet.com.ar