Favorecer la depuración
La eficiencia nutricional está íntimamente relacionada con la fluida eliminación de los residuos generados en el proceso metabólico. El exceso y la baja calidad de los alimentos que ingerimos, van creando en el organismo una situación de toxemia que termina por colapsar muchas funciones vitales. Es cierto que estamos preparados para hacer frente a alimentos inadecuados, pero para ello los órganos de excreción (piel, pulmones, hígado, riñones e intestinos) deben funcionar correctamente. Practicando la nutrición eficiente, mejoraremos este aspecto, pero sucede que venimos de muchos años de acumular toxinas, sin darle ocasión al cuerpo para que se desprenda de ellas. Para colaborar en este proceso, disponemos de técnicas antiguas, confiables y sencillas de practicar. A continuación veremos tres de las principales: el uso del agua, el ayuno y las hierbas.
Uso del agua: Es el ingrediente fundamental del organismo (dos tercios del cuerpo están formados por agua). La mayor parte está dentro de las células y por su intermedio se realizan los procesos metabólicos y el transporte de nutrientes y desechos. Sin agua no hay vida. El organismo excreta unos dos litros diarios y los repone a través de: las reacciones químicas internas, el alimento y lo que bebemos. Es muy difícil estimar las necesidades diarias de agua. Muchos factores influyen: la edad, el peso, la actividad física, el clima, el tipo de alimentación. En estado de equilibrio natural, la sed es el mecanismo más perfecto para conocer nuestras necesidades de agua, pero hoy en día se ve alterado por muchos factores artificiales (elevado consumo de sal, masticación insuficiente, proliferación de bebidas, degradación senil, etc.).
Si bien el agua favorece los procesos depurativos del organismo, tampoco es bueno excederse en su consumo. El cuerpo excreta los sobrantes a través de los riñones. Dicho exceso sobrecarga la función renal y provoca pérdidas de minerales. En la búsqueda del equilibrio, un buen sistema de control personal es observar la coloración de la orina. Una orina transparente o demasiado clara es índice de exceso de agua, mientras que aquella demasiado oscura nos indica lo contrario. Lo ideal es un color ambarino (cerveza) que rápidamente aprenderemos a reconocer. Si notamos carencia (a través de la sed o por la coloración de la orina), busquemos agua de buena calidad y bebámosla antes o entre las comidas (moderadamente durante la comida), a temperatura ambiente y a pequeños sorbos. Así obtendremos el máximo beneficio.
Uso del ayuno: La práctica del ayuno era habitual en las culturas ancestrales y es algo que nos puede ayudar muchísimo en la tarea de recuperar el equilibrio perdido y eliminar obstrucciones de vieja data. Como en todos los órdenes, debemos abordar esta práctica con gradualismo. Una forma mesurada sería comenzar por elegir un día de la semana, en el cual desarrollemos poca actividad, por ejemplo el sábado. Ese día deberíamos limitarnos a ingerir solamente frutas, toda la cantidad que queramos, preferiblemente de un solo tipo y aquella que sea de estación (ideal es la uva). Cada vez que sintamos apetito, lo saciamos con frutas. Podemos adicionar infusiones de hierbas depurativas, como las abajo indicadas. Si nos sentimos con ganas, lo ideal es prolongar la depuración un día más (el domingo).
Debemos usar esas jornadas para la introspección, para el reposo reconstituyente y para sentir cómo el cuerpo responde al sosiego. Tendremos los síntomas de un profundo proceso de purificación: lengua pastosa, olor a alquitrán en la boca, fuerte olor corporal, micciones frecuentes, abundantes evacuaciones, eventuales mareos y dolores de cabeza. Ello indica que el cuerpo está removiendo sustancias acumuladas en el tiempo y es lo mejor que nos puede suceder. Luego nos sentiremos aliviados y con mayor energía.
Una recomendación útil: cuidar que las comidas anterior y posterior al ayuno sean livianas y poco elaboradas, sin cereales refinados, lácteos, ni productos cárnicos y con predominio de verduras cocidas. Luego de este primer ayuno frutal, podemos repetirlo rutinariamente un día a la semana y seguramente sentiremos placer respondiendo al pedido del organismo por un… sábado de gloria!!!
Uso de hierbas: Reponer agua en el organismo es algo que bien podemos hacer en forma de infusiones. Descartadas las excitantes, podemos hacer uso de tres hierbas extremadamente aconsejables para todos: diente de león, ortiga y bardana. Estas maravillas de la naturaleza nos aportan gran cantidad de propiedades y por ser neutras en sabor, podemos usarlas como agua base o junto a otras más sabrosas. Son fáciles de conseguir en todo el país, al punto de ser consideradas plagas por la agricultura industrial. Además de usarlas en infusiones, podemos consumirlas como verduras (hojas de diente de león y ortiga y raíces de bardana y diente de león).
El diente de león (taraxacum officinalis) incrementa la secreción de las glándulas digestivas, mejorando la digestión. Aumenta la producción de bilis y facilita el vaciamiento de la vesícula biliar, descongestionando el hígado y estimulando su desintoxicación. Es eficaz diurético (aporta potasio) y depurativo; favorece la eliminación de sustancias ácidas de desecho (ideal para gotosos y artríticos). Su efecto laxante unido al depurativo, lo hacen indicado en eccemas, erupciones, furúnculos, celulitis. Se usa en infusión de planta completa.
Por su parte la ortiga (urtica dioica) es depurativa, diurética y alcalinizante; indicada en reumatismo, artritis, gota, cálculos y arenillas renales. Es antianémica, reconstituyente y tonificante por su contenido en hierro y clorofila. Contrae los vasos sanguíneos y detiene hemorragias. Es digestiva, pues estimula el páncreas y la vesícula biliar. Es astringente, calmando diarreas y colitis. Hace descender el nivel de azúcar en sangre y la presión sanguínea. Benéfica en inflamación de próstata. Aumenta la secreción de leche durante la lactancia. Alivia los síntomas premenstruales. Es protectora de la piel y detiene la caída de cabello. Se usa en infusión de sus hojas.
Otra hierba sumamente aconsejable es la bardana (arctium lappa). Es un poderoso purificante de la sangre y la linfa. Estimula la eliminación de toxinas, el funcionamiento hepático y el sistema digestivo. Contiene inulina, que fortalece órganos vitales como hígado, páncreas y bazo. También reduce la mucosidad y evita la formación de cálculos. Promueve el flujo de bilis y elimina el exceso de fluidos en el cuerpo. Ayuda a remover infecciones del tracto urinario, hígado y vesícula. Su contenido en vitamina A y selenio ayuda a eliminar radicales libres y el cromo regula los niveles de azúcar en sangre. Es un excelente depurativo y alcalinizante. Se usa en decocción de raíces. La bardana es el principal componente del Tónico Herbario Indígena, un preparado de hierbas producido en el país según una antigua formulación de la tribu canadiense Ojibway, con gran cantidad de efectos terapéuticos y reconstituyentes del organismo.
Usar las señales del cuerpo
Llevamos incorporados una gran cantidad de indicadores acerca del funcionamiento de nuestro cuerpo, solo que hemos perdido la capacidad de reconocerlos. La medicina ancestral, en ausencia de la compleja tecnología moderna, se basaba en dicha observación. Si bien el tema excede el marco de esta obra, podemos aportar algunos consejos simples y efectivos para monitorear cotidianamente como va la relación entre el alimento y nuestro organismo. Esto nos permitirá saber si estamos transitando la senda correcta y eventualmente realizar los ajustes necesarios. No olvidemos que somos parte de un constante proceso de cambio y ajuste, donde nada es estático y definitivo.
Ya vimos que la orina es un buen indicador de nuestra necesidad de agua y de la función renal. La valiosa información que contiene es la base fisiológica que explica la efectividad de la orinoterapia, antiquísimo sistema terapéutico basado en el uso interno y externo de nuestra propia orina. El lector interesado en ahondar el tema está invitado a consultar textos de la bibliografía, pero brevemente podemos decir que a través de la ingesta de la orina (residuo de la sangre filtrada por los riñones), el organismo logra autorregular el sistema inmunológico y generar las correcciones necesarias. Entre otras virtudes, este mecanismo de retroalimentación permite: mejorar las defensas, curar todo tipo de padecimientos y aumentar la calidad del funcionamiento orgánico. Todo ello con la máxima eficiencia, sin efectos secundarios, sin contraindicaciones y sin gastar un solo peso. Basta apenas con superar preconceptos culturales y beber en ayunas un poco de la primer orina matinal (medio vaso basta para comenzar). La orina de una persona sana no huele ni sabe mal. Por ello al principio, debido a nuestro estado de desequilibrio orgánico, puede costar habituarse a su sabor, pero la adición de un jugo de frutas ayuda en esta tarea. También es buen consejo iniciar la práctica luego de haber ajustado la dieta y depurado un poco el organismo. De todos modos los desechos presentes en la orina no son tóxicos: por el contrario, son los anticuerpos que permiten ajustar el funcionamiento del sistema inmunológico. No olvidemos que el feto crece consumiendo su propia orina a través del líquido amniótico.
También las deposiciones nos dan diariamente mucha información sobre el estado de nuestro metabolismo, referida a la ingesta de los días previos. Según el Dr. Naboru Muramoto, si todo funciona bien, debemos evacuar una vez al día, sin mal olor, sin requerir excesivo uso de papel higiénico, con heces firmes, largas, en forma de banana y de color marrón. Un color oscuro denuncia exceso de proteína animal; un color claro o verdoso, exceso de vegetales o malfunción biliar. Si las heces se hunden en el agua, es por consumo de alimentos inadecuados, carencia de fibra o haber comido en forma apresurada, reflejando una mala absorción de nutrientes. Cuando aportamos la fibra correcta y los intestinos han logrado extraer la mayor parte de los nutrientes, las heces flotarán en superficie. Consumiendo mucha sal, las heces se contraen y se secan, mientras que la falta de sal o el exceso de lácteos y azúcares generan carencia de forma.
Hay muchos otros indicadores corporales sobre nuestra relación con el alimento. El excesivo olor corporal refleja un drenaje de toxinas sobre todo de origen animal. La piel y el cabello resecos nos indican una carencia de ácidos grasos. Manchas en las uñas son síntomas de exceso de azúcares y químicos, mientras que uñas quebradizas nos indican mala asimilación de calcio. En realidad somos una radiografía andante, basta saberla apreciar. Al respecto existe literatura que puede ayudarnos en este camino (consultar la bibliografía).
María
Cristina Castells y Néstor Palmetti
www.prama.com.ar