¿Son
lo mismo? Sí, si convergen. No todo
aquello que nos suscita interés implica
correspondencia con el deseo. El término
"deseo" en realidad es la búsqueda
de satisfacción de aquello que consideramos
necesario para nuestro deleite. ¿Será
entonces posible adecuar la necesidad a una
mejor calidad vida?
El
masaje cultural -entendiendo por masaje
ese fenomenal bagaje de estímulos
que nos impactan a diario y modelan el pensamiento-
nos propone hábitos, usos y servicios
desde sus infinitos mensajes, que son difícilmente
descartables.
¿Cómo
resistir la tentación? Con otro bagaje
cultural: la convicción sensata de
que hay un sinnúmero de posibilidades
y que elegir, elegir de verdad, es una de
las mayores habilidades del ser humano.
El
ejercicio de esta voluntad racional edifica
la conducta y enriquece el vivir.
Por
lo tanto, si la tentación se corresponde
con elegir y ese placer es comer esa hamburguesa,
no deberíamos dudar.
Si
dicen los escritos que Eva se comió
la dichosa manzana y pasó lo que
pasó, evidentemente, hubo tentación
y deseo, pero también secuelas. Pero
lo que vino después es harina de
otro costal.
Quizás
habrá que procurar la feliz coincidencia
sin consecuencias nocivas.
Una hamburguesa bien disfrutada no implicará
abandonar el paraíso, si es que la
Tierra es el paraíso.
Pero
se puede discernir, que la satisfacción
de los apetitos (aún los carnales)
debería estar regida por nuestra
convicción más sana, aunque
con ciertos permisos para no ser tan dogmáticos
ni esquemáticos.
Eso
sí, hay un universo de opciones placenteras
que carecen de marketing pero que son un
regocijo para el paladar y la plenitud de
nuestro único organismo.
La
tentación no es el mal, uno puede
caer en ella; la astucia será hacerla
coincidir con lo necesario.
¿Qué
efecto tendría un estímulo
visual impactante de una exquisita tarta
de berenjenas? ¿El mismo que la hamburguesa?
No. Los colores variados son un estímulo
magnífico, sumamente estudiados.
Las marcas apelan a este conocimiento para
comprarnos el deseo.
Sólo
vale saber si estamos dispuestos a venderlo.
Todo
es una cuestión de sabiduría.
Como decía Galileo Galilei: "La
mayor sabiduría que existe es conocerse
a uno mismo".
Hugo Kelway
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