| Petronila
tiene 82 años y llegó desde Bolivia
hace 10. Es vendedora ambulante en la zona del
Abasto, donde con una cálida sonrisa
de abuelita, cordial, humilde, ofrece alimentos
y condimentos típicos del norte argentino,
su país y Perú: rocoto, aji-no-moto,
sazonadores, ajos, etc. Si uno se detiene cerca
de ella, ve cómo algunos vecinos la saludan
y le compran sus productos; mientras otros la miran de soslayo o con
aire crítico. No eligió su tarea,
es lo que la sociedad le permite hacer, como
a tantos argentinos de la economía
informal que pueblan las calles. Como dice
el tango: "buscando ese mango que haga
morfar / la indiferencia del mundo, / que
es sordo y es mudo / recién sentirás".
Ciertos transeúntes seguro pensarán
que está compitiendo con comercios
legales. Una pavada que no requiere demasiadas
explicaciones. Algunos deben esgrimir que
forma parte de una gran masa de inmigrantes
que le quita el trabajo a los argentinos.
Otra sinrazón, puesto que en nuestro
territorio apenas un 1% de los trabajadores
es extranjero. Y después, están
quienes les transita internamente un soterrado
racismo inconfesable y ladino.
La presencia inmigrante es un asunto fundacional
en la historia argentina, no cabe duda. La
Nación se formó y forma con
el aporte migratorio espontáneo. Y
la vida cotidiana se nutre de las culturas
de todos quienes aportan al país con
su trabajo y presencia.
Pensemos. Es una paradoja que sea tan fashion
concurrir a restaurantes de comidas étnicas;
mientras que por otra parte se percibe cierto
menoscabo con aire etnográfico cuando
se discurre acerca de los hábitos,
costumbres o modalidades de árabes,
judíos, gallegos, mexicanos, peruanos,
paraguayos, chinos o bolivianos.
Esto que nos pasa a los argentinos permite
evocar al buen John Lennon, que no conoció
la bonhomía de Petronila, ni los pormenores
de su sufrida vida. Pero él, con absoluta
certeza escribió un tema que la comprende
y contiene: "Imagina". Desafortunadamente,
la abuelita nacida en Cochabamba no conoce
la canción de Lennon. La letra habla
contra las guerras, las religiones y las fronteras
que nos separan. Se convirtió desde
1971 en una declaración universal de
paz. Dice: "Imagina a toda la gente /
compartiendo todo el mundo. / Puedes decir
que soy un soñador / pero no soy el
único / espero que algún día
te nos unas / y el mundo vivirá como
uno solo".
Hugo
Kelway
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