Quizás
le despertó curiosidad esta foto en
Convivir. Es para reflexionar. Primero que
nada, sólo es una de las tantas imágenes
de lencería que pueden verse en la
esquina de Corrientes y Rodríguez Peña,
en la Capital (aún más atrevidas).
O que están en las marquesinas del
Once o de la avenida Avellaneda o en cualquier
revista o en el desfile televisivo de Giordano
en Punta.
Vayamos por parte, como diría
"Jack el destripador".
Estas prendas, cualquiera sea su marca,
son carísimas -aunque la cantidad
de género o puntilla es exigua- porque
el valor pasa por la marca y éstas
se sostienen con mucha publicidad que cuesta
dinero.
Pero a quienes más atrae las comunicaciones
con imágenes tan seductoras es a
los hombres, entonces, de rebote, quienes
quieren usarlas son las mujeres para conquistarlos.
Ahí está el mercado.
Se instala en la seducción. Las damas
suelen decir "todos los hombres son
iguales", mientras que lo que pierde
a los hombres es que todas las mujeres son
diferentes. Esto es una falacia inversa,
dado que con este criterio las mujeres podrían
elegir a cualquiera y no es así.
Mientras que pareciera que para los hombres
"todas las mujeres son iguales"
porque pueden frecuentar a cualquiera. Y
tampoco es así. Saque sus reflexiones.
Pero vayamos a la imagen. Nada de lo dicho
es lo más importante en relación
con la foto.
Lo esencial es que en su contexto lo que
en rigor trata de establecer o imponer es
una estética. Ninguna de las chicas
que aparecen en revistas y avisos tiene
la piel de porcelana. Es la magia del programa
digital Photoshop, que permite corregir
las imperfecciones (¿lo son?) de
la piel y rejuvenecer.
Por eso, en el fondo, está lo más
imperceptible: que comunica un supuesto
ideal de belleza que lleva a recetas casi
macabras para alcanzar ese falso estereotipo.
No pasa por recursos light como el consumo
de productos dietéticos, el uso de
fajas milagrosas, la recurrencia a masajes
im-postores o cruentos ejercicios. Pensemos
más grave: cirugías "reparadoras",
bulimia, anorexia, senos y glúteos
quirúrgicos, lipoaspiraciones...
Goya no la hubiera elegido como modelo para
"Maja desnuda", ni tampoco Rubens
para pintar "Las tres tolerancias".
Es una moda, descarte la obsesión,
disfrute su cuerpo.
Hugo
Kelway
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