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¿déjala correr? Quizás
la imagen que acompaña esta columna
no es lo suficiente clara, pero de eso se
trata. La foto tomada desde un avión
en la provincia de Buenos Aires muestra una
especie de rompecabezas de cultivos tibiamente
sombreados por una solitaria y casi transparente
nube. Sin dudas, esa nube no será capaz
de generar una bendita lluvia.
El agua o, mejor dicho, su eventual escasez,
es un tema que debe preocupar a toda la
humanidad porque los recursos hídricos
están en tela de juicio.
Es sabido que dos tercios de la superficie
del planeta es agua, sin embargo -parece
ignorarse- una de cada tres personas carece
de ella en la cantidad necesaria para cubrir
sus necesidades esenciales. Claro, la población
global creció cuatro veces en 100
años y la demanda de esa molécula
simple de características extraordinarias
se incrementó ocho veces, a la par,
la economía mundial se multiplicó
por siete en los últimos 50 años.
En este mapa, el déficit de agua
crece velozmente, tanto que ha llevado a
que muchas naciones cambien su enfoque estratégico
y en vez de pensar en aumentar el suministro,
trabajan en la mejor administración
de la demanda. Unos datos más: se
estima que el 70% del agua utilizada por
la humanidad tiene con destino la agricultura;
desde el año 1900 desapareció
el 50% de los humedales.
Paradójicamente, quienes la tienen
en volumen suficiente afectan la renovación
natural de este recurso primordial para
la subsistencia. Pensemos en la contaminación
por desechos industriales y hogareños,
el despilfarro, los excesos en el uso de
distintas producciones o fumigaciones de
fluidos tóxicos; amén del
recalentamiento del planeta que influye
en las precipitaciones.
De repente se ven por televisión
escenas de grandes sequías y paralelamente
terribles inundaciones en otros sitios ecuménicos.
A menudo se desean lluvias con tanto énfasis
y en otras ocasiones se las aborrece por
las calamidades que provoca, como tifones,
inundaciones, tsunamis. Los registros indican
que de 1990 a 2001 hubo 2.200 desastres
naturales vinculados con el agua.
La crisis mundial del agua es un peligro
para la estabilidad y la sustentabilidad
del medio ambiente. La ineficiencia, el
desinterés y la falta de políticas
globales coherentes imprimen una señal
de alerta que conlleva asumir responsabilidades
personales para cuidar esa bendita gracia
que tiene que ver con el futuro.
Una toma de conciencia en cuanto al papel
individual sobre el agua de consumo es similar
a la apreciación que la gente debe
hacer para cuidar su propio cuerpo. De agua
somos. El agua es mucho más que necesaria,
es la vida. Seamos sensibles, cambiemos
el refrán: "Aguas que no has
de beber, no la dejes correr".
Hugo Kelway |