La
carencias de los productos agrícoplas sólo
preocupan a los interesados si se traducen en una
pérdida comercial. Mientras sólo se
trate de un "valor biológico" relativo
para el hombre, no se le da ninguna importanciaLa
carencia de cobre (toxicidad negativa) en el suelo
de ciertas regiones de huerta, se han estudiado no
porque pudiera perjudicar a la salud humana (CANCER),
sino porque producía tal fragilidad en la piel
de las cebollas que éstas se rompían
durante su clasificación y transporte.
En efecto, J. E. Knott (1933)
comprobó en el Estado de Nueva York que las
cebollas producidas en suelos muy ricos en materia
orgánica en descomposición y húmedos
-llamados mucks- tienen una piel tan fina que se rompen
en el transcurso de las distintas manipulaciones,
lo que acarrea importantes pérdidas económicas
para los productores y comerciantes.
Después de estudiar la cuestión se descubrió
que la causa de esta imperfección se debía
a una carencia de cobre en el suelo. El aporte al
suelo de un abono de cobre, remedió este defecto.
Aún hoy, a los 69
años de esta crucial experiencia, y luego de
fundamentales trabajos sobre la importancia del COBRE
en la dieta, no tenemos noticias que se prescriban
reacciones con cobre a los humanos enfermos de cáncer
(en rigor de verdad "enfermados" diría
Arturo Capdevilla), y menos aún que se recomiende
la dieta HIGIENICO-PREVENTIVA DEL CANCER en las escuelas
y familia en general.
Es francamente lamentable
que se limite el "control de calidad" a
las repercusiones económicas y comerciales.
Los análisis físico-químicos
no podrán ayudarnos con verdadera eficacia
hasta que se realicen en hombre o sobre el animal,
más que sobre el suelo y la planta.
Debemos pensar en la "calidad biológica",
es decir, en el HOMBRE, como punto de partida y de
llegada de toda nuestra ciencia. La verdadera medicina
(la "humana", no la "empresaria"),
la higiene y la educación sanitaria debe exigir
un concepto de CALIDAD BIOLOGICA que no perjudique
a la salud humana.
Jorge Antonio
Tallon