La divulgación
que ha tenido la Astrología desde comienzos
del siglo XX aproximadamente, acelerada por los
medios de comunicación masiva que marca nuestra
época, en la cual el público consulta
a diario “horóscopos” confeccionados
por “astrólogos” de dudoso conocimiento
sobre el tema, ha producido un fenómeno en
nuestro tiempo: mucha gente cree poseer en mayor
o menor medida conocimientos sobre el particular,
y por lo tanto, capacidad para explayarse con suficiencia
sobre el mismo.
Pero ¿hasta qué punto conocemos de
Astrología? ¿Tienen validez los pronósticos
astrológicos que leemos diariamente en periódicos
y revistas? ¿Se puede generalizar tan livianamente
sobre el destino del hombre?
La respuesta es clara y enfática: NO.
Si bien es cierto que ciertas posiciones planetarias,
relacionadas en un Tema Natal pueden marcar ciertas
tendencias generales (generalmente sentidas en el
plano psicológico), debemos decir que cada
persona es un sistema, que interactúa con
otros sistemas similares y marcan una línea
de comportamiento individual.
Para que un estudio astrológico tenga validez,
debe ser confeccionado e interpretado en forma personal,
sobre fecha y lugar de nacimiento lo más
exacto posible.
Personalmente, ni siquiera creo que tenga validez
un Tema Natal levantado por computadora (aunque
sirven los datos astronómicos calculados
por ese medio para acelerar el cálculo).
Cuando entramos en el terreno de la interpretación,
entran en juego otros factores, entre los cuales
el más importante a mi juicio es la experiencia
y la condición natural de quien interpreta,
algo así como un diagnóstico médico:
ante los mismos síntomas, no va a ser igual
el de un médico novel que el de un profesional
con una larga trayectoria en el ejercicio de su
profesión.
Otro tema muy comentado en su momento por algunos
medios de comunicación, era si los signos
zodiacales eran 12, 13 o 14, puesto que había
que agregar (se decía), los signos de Serpiente
y de la Ballena –Serpens y Cetus-.
Para quienes conocemos un poco más sobre
el tema, nos resulta ridícula y sin fundamento
tal especulación, puesto que en primer lugar,
esas constelaciones siempre estuvieron allí,
y en segundo lugar, existe una diferencia entre
signo zodiacal y constelación.
Aclarando un poco, consideramos que la constelación
no dio su nombre al signo, sino exactamente al revés:
quienes fundaron el sistema astrológico tal
cual lo conocemos (Babilonios, Caldeos, Sumerios,
Asirios, Egipcios, etc.), definieron 12 sectores
celestes de 30 grados cada uno, y marcaron en el
cielo las características (por analogía)
que definían a quienes nacieran con el Sol
dentro de cada uno de esos cuadrantes.
Por supuesto que en ese momento, constelación
y signo coincidían, y cada 25.000 años
(por el proceso que analizaremos más adelante),
vuelven a coincidir.
La antigua tradición iniciática de
la humanidad, marca en la bóveda celeste
los acontecimientos pasados y futuros de su existencia:
en el inconsciente colectivo de la raza, están
marcados los ciclos de 2.000 años, intuyendo
que “algo” pasa o pasará
cada vez que se cumple ese período.
Por un proceso que se llama astronómicamente
“precesión de los equinoccios”,
el Punto Vernal (el comienzo del año astronómico),
corta la Eclíptica 50 segundos de arco mas
atrás cada año, lo que hace que ese
punto vaya retrocediendo anualmente y cambiando
de signo (hacia atrás) cada 2.000 años
aproximadamente.
Por esa razón, se dice que estamos por entrar
en la era de Acuario – aunque aún faltan
100 años aproximadamente ya notamos su influencia
-, puesto que el Punto Vernal se acerca ya a ese
signo.
Era tan conocido este tema en algunos círculos
esotéricos de la antigüedad, que podríamos
determinar hechos históricos aplicando la
tradición astrológica: la aparición
de Cristo en el mundo, estaba señalada por
precesión en el final de la era de Aries
(el cordero), período en que según
las historias bíblicas se inmolaban corderos
como ofrenda al Altísimo; comienza entonces
la era de Piscis –el sacrificio-, en el cual
se inmola al Salvador (aún hoy, en las iglesias
católicas se representa a Cristo como un
cordero portando el estandarte con la cruz).
El símbolo de los primeros cristianos, era
dos peces unidos por una cuerda (Piscis), que aún
hoy se pueden ver en algunas reproducciones de las
primeras épocas y en las catacumbas romanas,
grabado sobre las paredes.
Es común ver hoy en elementos del ritual
de la misa, el símbolo IH+S (anagrama de
Ictis o Ichtus, Pez), así como la mitra de
papas y obispos, con la forma de una cabeza de pez.
Si queremos ir más atrás en la historia,
antes de la era de Aries, estaba Tauro: vemos entonces
tradiciones como la del Laberinto y el Minotauro
(Creta), el becerro de oro en la tradición
judía, el buey Apis entre los egipcios, quedando
en nuestros días la tauromaquia en España
y algunos pueblos de América Latina,
como remanente del culto cretense.
Como podemos ver en esta apretada síntesis,
la Astrología “seria” es mucho
más profunda y trascendente que lo que nos
muestran los “horóscopos” que
leemos a diario en las revistas o periódicos,
y que pretenden orientar nuestros destinos.
J. S.