Pautas para utilizar los alimentos
Luego de haber hecho una correcta elección
del alimento, debemos utilizarlo en forma adecuada.
Este es el segundo requisito para lograr una nutrición
eficiente y tiene varios aspectos: preservar los
nutrientes, conocer nuestras reales necesidades,
saber reconocer los macronutrientes, distribuirlos
en forma correcta, metabolizarlos adecuadamente,
suplementar las carencias, favorecer la depuración
orgánica, usar las señales que el
cuerpo nos brinda, desarrollar una actitud reverencial
hacia aquello que nos nutre y por último
reducir las sustancias excitantes. Veamos brevemente
cada uno de estos aspectos.
Preservar los nutrientes
En nuestras manos los alimentos pueden sufrir una ulterior pérdida de calidad si no sabemos manejar los procesos de cocción y conservación. En primer lugar es importante consumir lo máximo posible en crudo o levemente cocido (sobre todo a nivel de vegetales), ya que así aprovechamos las valiosas y delicadas enzimas. Estas sustancias proteicas son responsables de las reacciones bioquímicas que nos permiten metabolizar los alimentos ingeridos. Si bien el organismo produce sus propias enzimas, aprovechar las que aportan los alimentos hace que ahorremos energía y mejoremos los procesos de asimilación. Las enzimas se destruyen con la cocción y de allí el consejo de cocinar lo menos posible. Por el contrario, ciertos procesos naturales (fermentación, germinación, encurtidos) aumentan el contenido enzimático de los alimentos. Por ello son recomendables los brotes, el chucrut, el yogurt, el miso, las conservas en sal, etc.
Al cocinar, conviene usar los métodos que provocan las menores pérdidas. Es el caso del saltado rápido de la cocina oriental (alta temperatura pero escaso tiempo) que genera vegetales crujientes.También la cocción al vapor es un sistema que evita pérdidas, al reducir el tiempo de exposición al calor (mitad con respecto al hervor) e impedir que las sales minerales se diluyan en el agua de cocción. Preferir las preparaciones que retienen el jugo de los nutrientes (guisados, estofados). Cuando nos vemos obligados a hervir, debemos recuperar el agua remanente porque allí hay gran concentración de nutrientes (sales alcalinas), algo conocido por nuestras abuelas habituadas al diario uso de las sopas. En lo que respecta a cereales y legumbres, conviene dosificar correctamente el agua de cocción, a fin de evitar desechos que arrastran minerales. Evitar el uso del microondas, ya que su principio de acción consiste en una explosión molecular que altera las características del alimento. También debemos abolir el uso de recipientes y contenedores de aluminio por las consecuencias de su indeseable absorción.
Conocer nuestras
necesidades
Es
muy importante saber lo que realmente necesitamos,
a fin de evitar tanto carencias como excesos. Hoy
en día, la gran problemática es la
obesidad en los países desarrollados y la
desnutrición en los subdesarrollados. Esto
se debe principalmente al consumo de calorías
vacías, a la ingesta por estimulación
sensoria y al desequilibrado metabolismo de los
azúcares. Pero podemos poner freno al problema
si sabemos lo que nuestro organismo requiere y lo
administramos correctamente. En este sentido, últimamente
se están haciendo grandes progresos en investigación.
Por un lado comprendiendo como ha evolucionado el
ser humano y por otro entendiendo como funciona
el sistema hormonal. Pionero de estas investigaciones
integradas es el Dr. Barry Sears, autor del libro
“Dieta para estar en la zona”.
Genéticamente (a nivel de ADN) no somos muy
diferentes al hombre del paleolítico (100.000
años). Los cambios evolutivos son tremendamente
lentos y precisamente aquel estilo alimentario es
el que mejor sigue respondiendo a los requerimientos
de nuestro complejo sistema hormonal: carnes salvajes
magras, frutas y verduras como principal fuente
de carbohidratos, y semillas como aporte graso.
Haber convertido a los cereales refinados en la
base de la dieta, es un fenómeno demasiado
reciente (50 años). Por ello estamos sufriendo
tantos desórdenes metabólicos, que
tienen que ver con la respuesta insulínica.
Para comprender la esencia del problema, debemos
comprender cómo operan los llamados macronutrientes
en el organismo.
Los carbohidratos son la fuente esencial de azúcares,
elementos indispensables para muchas funciones orgánicas
y que fundamentalmente nos aportan energía.
Las proteínas son cadenas de aminoácidos
que el organismo necesita para generar enzimas,
hormonas, tejidos y anticuerpos. Por su parte las
grasas son: reserva de energía, material
constructivo de células y hormonas, vehículo
de las vitaminas y gestores de la sensación
de saciedad. Luego veremos como reconocerlos.
Para absorber los hidratos de carbono, el organismo
necesita convertirlos en azúcares simples
(glucosa, fructuosa y galactosa). Precisamente la
glucosa (se encuentra mayormente en cereales y almidones)
es la que pasa más rápido al torrente
sanguíneo. Cuando este nivel se eleva velozmente,
el organismo secreta insulina, una hormona que reduce
ese nivel y ordena almacenar el excedente como depósito
graso. Su equilibrador es el glucagón (hormona
cuya secreción es activada por la ingesta
de proteínas), quien reestablece los niveles
de azúcar en sangre merced a la combustión
de reservas grasas.
Ya podemos entender porqué conviene utilizar
hidratos que pasen lentamente al torrente sanguíneo.
Esto se logra con carbohidratos de baja densidad,
o sea aquellos presentes en verduras, frutas y cereales
integrales. Además de la estructura de los
azúcares, en los productos integrales es
clave la presencia de la fibra, por ser un “amortiguador”
en el proceso de asimilación de los hidratos.
Esto explica porqué es preferible la fruta
entera y no los jugos. Otra conclusión que
extraemos es la conveniencia de complementar hidratos
y proteínas en cada ingesta.
Por su parte las grasas (obviamente las de buena
calidad) cumplen importantes funciones en este equilibrio
de nutrientes. Además de mejorar el sabor
de la comida, mejoran el equilibrio hormonal, ayudan
a quemar la grasa almacenada en el organismo (aunque
parezca un contrasentido) y dan la señal
de saciedad al cerebro. Pues bien, respetando su
presencia en cada ingesta nos sentiremos sacios
con poco volumen de alimento… y estaremos
quemando grasa almacenada!!!
Si bien existen estudios minuciosos para quien desee
profundizar el tema (consultar el libro de Barry
Sears), podemos simplificar diciendo que la ingesta
ideal para equilibrar el mecanismo regulatorio de
la insulina se basa en un 60% de carbohidratos,
30% de proteínas y 10% de grasas. Esto obliga
a saber reconocer estos nutrientes en nuestros alimentos
cotidianos, a fin de poder armar intuitivamente
platos que nos nutran correctamente y que nos equilibren
a nivel hormonal.
Para determinar las cantidades, se parte de la necesidad
proteica personal, la cual es proporcional a la
masa corporal magra (músculos y tejidos)
y al tipo de actividad física (para estas
determinaciones personalizadas consultar www.prama.com.ar o el libro antes citado. La masa magra se obtiene
restando del peso total, la grasa corporal. Luego
se multiplica el valor de masa magra por el coeficiente
de actividad. Este coeficiente va desde 1,1 para
vida sedentaria, 1,3 para actividad ligera (persona
que camina unos 3 km diarios), llegando hasta 2
para personas muy activas (2 horas diarias de ejercitación
física). El resultado son los gramos de proteínas
necesarias para cada día.
Veamos
un ejemplo
Un hombre de 65 kg, 1,70 de altura, delgado
y con actividad física moderada, necesita
66 gramos diarios de proteína. Esto se obtiene
restando del peso total, la grasa corporal (en este
caso estamos en el valor ideal para el hombre, estimado
en el 15% o sea 10 kg para el ejemplo) y aplicando
el factor de actividad (1,2). Según las proporciones
(60/30/10), dicha cantidad de proteína debe
acompañarse con 132 gramos de hidratos y
22 gramos de grasa. O sea 220 gramos diarios de
nutrientes netos. ¿Parece poco? Verá
que no, si experimenta el menú del cuadro,
desarrollado para las necesidades de este ejemplo.
MENU
DIARIO SUGERIDO PARA LA PERSONA DEL EJEMPLO
INICIAL |
Comida |
Detalle |
Gramos |
Hidratos |
Proteínas |
Grasas |
Desayuno |
Tostadas
de pan integral |
50 |
25 |
5 |
0 |
Ricota
o queso blanco |
20 |
0 |
5 |
5 |
Jalea
de membrillo |
5 |
3 |
0 |
0 |
Café
de cereales |
10 |
0 |
0 |
0 |
Subtotal |
28 |
10 |
5 |
Merienda
Matinal |
Fruta
seca (almendras, nueces, etc) |
10 |
0 |
2 |
5 |
Fruta
fresca (manzana chi.) |
100 |
10 |
0 |
0 |
Subtotal |
10 |
2 |
5 |
Almuerzo |
Verduras
crudas y cocidas |
200 |
10 |
0 |
0 |
Legumbres |
50 |
10 |
10 |
0 |
Arroz
integral |
75 |
35 |
7 |
0 |
Huevo
(unidad) |
50 |
0 |
6 |
6 |
Pescado |
50 |
0 |
10 |
2 |
Subtotal |
55 |
33 |
8 |
Merienda
Tarde |
Granola |
30 |
15 |
7 |
2 |
Subtotal |
15 |
7 |
2 |
Cena |
Fideos
integrales |
50 |
25 |
5 |
0 |
Verduras
cocidas |
100 |
5 |
0 |
0 |
Multisemilla |
10 |
0 |
2 |
5 |
Tofu |
50 |
1 |
4 |
1 |
Subtotal |
31 |
11 |
6 |
Total
general |
139 |
63 |
26 |
Estimación
teórica |
132 |
66 |
22 |
En
frutas y verduras se consideran pesos frescos.
En legumbres y cereales se toman los pesos
en seco o sea antes de la cocción. |
Para mostrar como varían las necesidades
con las características personales, tomemos
otro ejemplo: una mujer de 67 kg, 1,54 de altura,
con sobrepeso y actividad física moderada.
Deducido los 25 kg de grasa corporal (aquí
estamos en 38%, por encima del valor ideal para
la mujer estimado en 22%), quedan 42 kg de masa
magra. Esto, por el coeficiente de actividad moderada
(1,2) da su necesidad de proteínas: 50 gramos,
y por ende 100 gramos de hidratos y 17 gramos de
grasa. Esto demuestra que a igualdad de peso, la
necesidad de proteína disminuye por ser proporcional
a la masa corporal magra (peso total menos grasa
corporal).Un plan nutricional equilibrado como el
propuesto, aumenta la energía, mejora el
estado de ánimo, quema grasa almacenada
y estimula el sistema inmunológico…
siempre y cuando utilicemos los alimentos correctos.
Para eso debemos aprender a reconocer qué
nutrientes (hidratos, proteínas, grasas)
hay en cada alimento, cómo estimar las cantidades
y cómo distribuirlas a lo largo del día.
María
Cristina Castells y Néstor Palmetti
www.prama.com.ar