Cierta vez, me hallaba de viaje por los Estados Unidos y ocasionalmente tuve una charla con un descendiente indio de la tribu Cheroqui, que resultó ser una persona muy preparada y también autor de varios libros.
Este verdadero nativo de esas tierras del norte, era veterinario y también había sido director del zoológico de Cincinati. Así se presentó al finalizar nuestra plática.
Hablábamos del “animal tótem”, también llamado “animal de poder”, común en las prácticas chamánicas y que en esas culturas tiene significados equivalentes a la nuestra, como ser; el “ángel de la guarda”. Se refirió también al libro de su autoría “Los animales que hablan” y a “La ley de la presa y el predador”.
Por analogía con nuestra sociedad se me ocurrió hacer un paralelismo entre la inseguridad urbana que estamos sufriendo y la “ley de la selva” de la que tanto se habla cuando se citan situaciones de violencia, robos y asesinatos en nuestras ciudades. He aquí mi interpretación:
En la selva existen dos categorías de animales: la presa y el predador.
La presa: son los animales cuya dieta preferentemente consiste de vegetales, o sea que no comen carne, tales como ratas, conejos, monos, ciervos, venados, búfalos, elefantes, etc.,
Estos animales “saben” que tarde o temprano van ser comidos por predadores, por lo cual frente a esa amenaza constante, no alteran su modo de vida. Agudizan su oído y olfato para que cuando perciban la presencia de un cazador se den a la fuga inmediatamente, generando cantidad de adrenalina, suficiente como para desarrollar gran destreza y velocidad. Detectar la presencia del predador no significa verlo, en tal caso sería demasiado tarde ya.
Para preservar la vida es condición sine cua non tener un estado físico sano, lo cual implica que estar enfermo o viejo, inevitablemente derivará en ser comido por un predador.
Cada especie tiene su estrategia; los roedores son de hábito nocturno para tener menor posibilidad de ser cazados especialmente por aves de rapiña.
La estrategia del conejo es muy particular: grita cuando ve al halcón y lejos de alejarlo lo atrae, porque éste, al escuchar el grito, lo descubre y viene a buscarlo. El instinto de gritar frente al peligro quizás funcione con otros predadores pero casi nunca tiene buen final.
El predador: son esencialmente carnívoros y se dividen en tres categorías; predadores primarios o cazadores: son en general los felinos (león, tigre, chita, puma y las aves de rapiña; águila, halcón, chimangos), que cazan para comer carne fresca y una vez saciado su apetito abandonan la presa.
Predadores secundarios: esperan a que el predador primario termine de comer para alimentarse con lo que queda. No son capaces de cazar por si mismos. En general su aparato digestivo es incompleto y necesita que la carne esté en descomposición (hienas, perros cimarrones, etc.).
Los carroñeros como los buitres, cóndores, y otras aves que tienen pelada la cabeza para no ensuciarse con lo que comen.
Si hay algo que queda claro es que entre predadores no se atacan ni se comen entre si, por más hambre que tengan. La única manera en que pueden llegar a matarse entre si es defendiendo la cría o cuando están en el periodo de celo.
La ley de la selva en la ciudad: tanto presa como predador conviven y en apariencia no se diferencian los unos de los otros, salvo por algunas características especiales que pasamos a describir;
La vestimenta influye si llamamos la atención de los predadores poniéndonos de manifiesto en forma más evidente y de acuerdo a las circunstancias.
El regresar a la noche a nuestro hogar a pie, con ropa elegante y caminando por el medio de la calle por ser el lugar mas iluminado, nos hace vulnerables a los posibles predadores, es decir; delincuentes que estén merodeando (al boleo) si la zona donde transitamos es relativamente insegura. Concurrir a un banco con traje y maletín, tal cual lo hacen los ejecutivos de las empresas puede también atraerlos.
Los delincuentes, por el contrario, visten ropas oscuras, usan zapatillas para poder correr y se mueven en las sombras. Pueden vernos a varias cuadras de distancia y emboscarnos, especialmente de noche o en lugares solitarios, donde no hay gente transitando.
Si hay algo que queda claro es que si el delincuente que hará el papel de cazador no actúa, no habrá botín para repartir entre los predadores secundarios.
Es en esta simbiosis donde organizaciones delictivas les suministran armas e información a delincuentes para que salgan a robar o secuestrar, inician con esta “cacería” la cadena de depredación.
En nuestra sociedad también predadores secundarios están encarnados por políticos, jueces, fiscales y policías, todos ellos corruptos, que aprovechando la marginalidad, comparten el botín de lo robado por los delincuentes, quienes son equipados y protegidos por ellos y también pueden ser obligados a delinquir.
A esta compleja situación, que no tiene paralelismo con la selva, se le agrega el consumo y tráfico de drogas, lo cual hace que desaparezcan los viejos códigos de los delincuentes, haciendo nuestra desprotección aún mayor.
Dado que en las Políticas de Estado no se contempla el enseñar a defendernos como tampoco el enseñarnos a curar nuestras propias enfermedades, no existe registro de violadores ni se publican fotos de delincuentes en los diarios ni tampoco hay castigos ejemplificadores para menores que delinquen.
Por toda esta situación es imprescindible estar muy atento para no ser presa de los “cazadores” porque detrás de ellos están los predadores secundarios.
Cómo protegernos
La presa, en su hábitat natural, la selva, se da a la fuga en forma inmediata cuando huele a león o escucha, o presiente que va a ser atacada. Usa la adrenalina para multiplicar su reacción y eso salva su vida. Si esto nos pasara a nosotros estaríamos ante una especulación mental; “será o no será un león”, y en ese valioso tiempo de inacción se iría nuestra vida.
El hombre hace justo lo contrario; la adrenalina mal dirigida suele bloquear a la víctima que queda paralizada, y si hay adrenalina en sangre en forma permanente (el miedo a no sobrevivir, por falta de trabajo u otras agresiones de la vida moderna), poco a poco se transformará en stress y luego en “ataque de pánico” y ya no percibiremos la posible agresión a suceder: acabaremos perdiendo el sexto sentido que nos podría salvar la vida.
En las artes marciales orientales hay un viejo adagio que dice: “si te insultan calla, si te agreden huye, si te acorralan mata”.
Refiriéndonos nuevamente a los animales, en especial al zorrino, al ser atacado expele un líquido irritante que espanta al atacante.
Tal es el caso de los aerosoles de gas pimienta que dejan al delincuente ciego por unos minutos. Tiempo suficiente para escapar.
Basándonos en este concepto diré que en los animales prevalece el instinto de sobrevivir, mas allá del tamaño del predador; el gato acorralado, se defiende sin medir el tamaño de su oponente. Una hembra defendiendo su cría es capaz de hacer cualquier hazaña sin medir que en la desigualdad de la fuerzas puede perder la vida.
Para el caso de llevar un arma para nuestra defensa, debemos mentalizarnos que seremos capaces de matar porque si la portamos para amedrentar a un posible delincuente, en el intento perderemos la vida.
Las armas tienen un espíritu —afirma mi amigo Cheroqui—: “cuando un guerrero muere se lo lleva al cementerio indio (lugar sagrado) junto con sus armas, para que no vuelva por ellas desde la otra vida”.
Los antiguos Samuray japoneses, consideraban una grave deshonra desenvainar la catana (espada) para solamente amenazar. Debían guardarla mojada con sangre.
En los casos de peligro, lo mas importante es conservar el centro, no perdiendo la calma, la milenaria sabiduría China dice; “dentro de cada uno de nosotros un valiente y un cobarde van juntos y solo ha de triunfar el mas astuto de los dos.”
Finalmente y como consejo: deberíamos practicar algún arte marcial no violento como ser el Aikido o si no el Tai Chi Chuan (el arte de la salud y la autodefensa), que nos dará la seguridad necesaria como para caminar por las calles sin miedo usando el “arte” del acecho, como si nosotros mismos fuéramos predadores, porque en definitiva seremos atacados si asumimos, como en la ley de la selva ser “la presa”.
Ing. Guillermo Marino
skyjetar@yahoo.com.ar
|