Una deficiencia sub-clínica de calcio puede ser la causa de un estado de depresión, insomnio y los nervios en tensión, así como de flacidez muscular. Esto se puede evitar consumiendo alimentos ricos en calcio orgánico: las semillas de sésamo. Extremadamente ricas en calcio son estas semillas, pues el sésamo o ajonjolí contiene 2 veces más de calcio y de fósforo que otras semillas consideradas como proveedoras de estos minerales. Otra semilla con una óptima relación calcio-fósforo es la almendra. Lo importante de estas dos semillas es su buena relación calcio-fósforo, pues ambos nutrientes trabajan en interacción, mientras que otros granos y semillas (especialmente cereales) son pobres en calcio y ricos en fósforo. Otras fuentes excelentes del calcio son: queso, lechuga muy verde, coliflor, col, repollitos de Bruselas, copos de avena (ideales en musli asociados al yogur), nueces, trigo germinado, semillas de girasol.
El mineral “compañero” del calcio es el fósforo. Una deficiencia fosfórica tiende a reducir el vigor sexual y ocasiona una función deficiente cerebral y nerviosa. El fósforo lo acompañamos siempre acompañando a las proteínas, es decir, en los derivados lácteos, huevos, nueces, almendras y lecitina. También encontramos fósforo, aunque de una forma no tan significativa, en el apio verde, espárragos, manzanas, paltas, alcachofas, coliflor, etc...
La tiroxina es nuestra hormona tiroidea y ella regula la mayor parte de la actividad física y mental. Si el nivel de yodo que ingerimos no es el correcto podemos sufrir grandes trastornos en el equilibrio de la tiroxina. Para evitarlo, consumir ajos, piñas, peras, alcachofas, cítricos, berros y algas marinas.
El selenio también es un elemento importante para nuestra sexualidad y especialmente asociado a la vitamina E. Desgraciadamente, el régimen de agricultura forzada al que se ven expuestos nuestros alimentos hace que éstos no puedan garantizar el que se cubran nuestras necesidades diarias de selenio y esto no solo es peligroso para nuestra sexualidad y fecundidad sino que también nos expone a numerosas y graves enfermedades, incluido el cáncer. De aquí que esté plenamente justificado el recurrir de forma periódica a un suplemento orgánico y natural de selenio, así como hacer un especial hincapié en los alimentos ricos en el mismo, como son el ajo, hongos, etc.
Pero es el zinc el que posee una importancia específica, ya que constituye un factor esencial para la función normal de los órganos sexuales y de la glándula prostática. Existe una gran concentración de zinc en el esperma, fluido seminal y en la próstata misma, en comparación con el resto del cuerpo. Es sabido que una deficiencia de zinc provoca los trastornos típicos de la próstata. De ahí la importancia de este mineral en los que pasan a la edad madura, que es cuando precisamente se presentan los trastornos de la glándula sexual. Así mismo, la deficiencia de zinc se asocia con el desarrollo retardado de los órganos sexuales, o hipogonadismo.
La mejor fuente de zinc a la que podemos recurrir son las semillas de calabaza. Consumir entre 30 ó 40 al día entre las comidas, o bien en sopa, o germinadas en la ensalada.
También son buenas fuentes de zinc las semillas de girasol, el trigo germinado, levadura de cerveza, huevos y cebolla.
Tanto para retrasar la andropausia, como para la impotencia, recomendamos tomar, alternándolos, trigo germinado y avena germinada. Una cucharada sopera puede dar maravillosas sorpresas.
El cocktail de menta fresca, apio verde y vitamina C (limón o pomelo) es un lícito afrodisíaco que en modo alguno daña el organismo y cuyos beneficiosos efectos abarcan a todo el organismo y especialmente al sistema nervioso.
Marc Ams
Del libro: La cultura de los germinados