El estetoscopio es un instrumento que utilizamos los médicos para oír los sonidos internos (latidos, ruidos respiratorios o intestinales, o flujos sanguíneos de arterias) del cuerpo humano.
Quien lo inventó fue Téophile Hyacinthe, un médico francés que no se atrevía a poner la oreja sobre el cuerpo de los pacientes, y descubrió que utilizando un tubo de papel enrollado auscultaba mejor, dando así origen a lo que sería el estetoscopio.
Justamente esta “anécdota” del modo en que este médico inventó el estetoscopio da pie a uno de los puntos fundamentales de diferenciación entre la Medicina Tradicional o Alopática y la Homeopatía.
¿La diferencia radica en que los homeópatas no auscultan?
No, decididamente NO. El Homeópata es un MEDICO, primeramente formado por la medicina tradicional en la que el estetoscopio resulta ser un accesorio fundamental de examinación del paciente. Es un médico, que utiliza TODOS los recursos de la medicina moderna para hallar un diagnóstico etiológico anatomopatológico; pero que además, se ha enriquecido con una formación homeopática que le permite conectarse con la persona enferma, y no solo con el órgano enfermo.
¿Qué escuchamos, entonces, los homeópatas?
Podría decirse que ese no atreverse a poner la oreja sobre el cuerpo del paciente de Hyacinthe, es justamente lo opuesto a lo que el médico homeópata hace en su práctica cotidiana. El homeópata “no se aleja” del paciente a la distancia del estetoscopio, sino que antes de usarlo, “se acerca” al enfermo e indaga su personalidad profunda; buscando el origen verdadero de la enfermedad; para luego sí, auscultar, palpar, y/o percutir, un órgano. Busca, como dijera el Dr. Pablo T. Paschero, lo que “debe curar” en un enfermo, que nunca es solo su enfermedad actual sino su propia situación interna, profunda y personal, que lo ha condicionado para la manifestación patológica.
El homeópata pone en juego, no solo su entendimiento profesional, sino también su alma; y en esa vibración conjunta de ambas almas, es como surge la comprensión empática del enfermo.
Hay todo un lenguaje de la enfermedad que es necesario “auscultar” con algo más que el estetoscopio.
La Homeopatía “ausculta a la persona” hasta su “último ruido”; no solo al soplo carotideo, sino fundamentalmente, al murmullo “silente” de su sufrimiento profundo.
Dr. Mariano Tocchettón
mtocchetton@hotmail.com
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