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Astrología y enfermedad: Interpretación simbólica de los problemas de tiroides


Las personas que sufren de tiroidismo, se han hallado ante una situación de impotencia, frente a la cual se sienten aterrados.
A mi juicio la Astrología no sirve como método para prever qué enfermedades vamos a sufrir, salvo de una manera muy vaga. En cambio, sí sirve para comprender lo que las enfermedades significan en nuestras vidas. O sea: para averiguar cuál es el mensaje que la enfermedad nos está tratando de transmitir.
Y conocer cuál es el significado de la enfermedad es sumamente importante, pues si sabemos lo que la enfermedad nos quiere decir, y seguimos esa indicación, favoreceremos decisivamente el proceso curativo.
Para explicar más claramente lo que quiero decir, tomaré como ejemplo los problemas que genera el mal funcionamiento de la glándula tiroides (tiroidismo), trastorno muy extendido.
Hace algunos años realicé una investigación sobre las enfermedades de esta glándula.
Fue una investigación llevada a cabo con un grupo interdisciplinario que incluía, entre otros participantes, a varias psicólogas, una médica, dos ingenieros, y varios docentes, todos los cuales son expertos, también, en Astrología.
Quiero contarles brevemente los resultados de esa experiencia, en lo que se refiere a esta glándula.
La tiroides es una de las glándulas que regulan el metabolismo. Se ubica en la parte anterior del cuello y produce varias hormonas, entre las cuales la principal es la tiroxina. Para elaborar esta sustancia la glándula procesa el yodo que encuentra en la sangre, adonde ha ido a parar luego de ser ingerido con los alimentos.
La principal disfunción de la tiroides se refiere a la escasez o exceso en la producción de tiroxina, lo que da dos cuadros sintomáticos llamados: hipotiroidismo e hipertiroidismo, respectivamente.
Cuando falta tiroxina (hipotiroidismo) el metabolismo se hace más lento y las consecuencias apreciables suelen ser: piel seca, pálida y áspera, menor sudoración, cabellos ralos y secos, uñas quebradizas, temperatura corporal disminuida, apatía, lentitud de movimientos y reflejos, menor fuerza muscular, digestión lenta, menorrea, anemia y aumento de peso.
En cambio, cuando el nivel de tiroxina es excesivo (hípertiroidismo) el metabolismo se acelera y se pueden dar estas consecuencias: piel enrojecida y húmeda, transpiración abundante, aumento de la temperatura corporal, taquicardia, diarrea, caída del cabello, exoftalmia (ojos saltones) y aumento del apetito (pero con disminución de peso).

Significado de la glándula tiroides
Según el simbolismo astrológico la zona en que se ubica esta glándula (el cuello) corresponde al planeta Venus. Y si recurrimos al origen de la palabra ‘tiroides’, comprobaremos que viene del griego y que significa con forma de puerta. Por lo tanto, el significado originario de la palabra está muy relacionado con Venus, porque la puerta es el lugar de entrada y salida o, digamos: del aceptar y el ofrecer, que es la esencia del amor. Y Venus simboliza justamente, el amor.
El yodo, por su parte, es un metaloide extremadamente activo, muy corrosivo -como habrá comprobado algún lector que dejó que su bicicleta se mojara con el agua de mar, pues el agua de mar suele tener mucho yodo- y también altamente tóxico. Nuestra hipótesis es que el yodo se relaciona con el planeta Plutón, que es el opuesto de Venus.
En efecto: Venus es el planeta de Tauro, mientras que Plutón es el de Escorpio, y estos dos Signos son opuestos y complementarios.
La mitología confirma que Venus es la diosa del amor, de la gracia, de la complaciente amabilidad, de la aceptación. Por su parte, Plutón simboliza el poder que surge de la unión, en el sentido en que se dice: “la unión hace la fuerza”.
Ambos, Venus y Plutón, son opuestos, pero tienen una cosa en común, ambos son una forma de unión: en un caso la unión que llamamos amor, en el otro, la unión que llamamos poder.
El amor y el poder -Venus y Plutón- pueden llevarse bien o pueden llevarse mal. Un ejemplo de llevarse bien es la procreación: allí amor y poder -de generar vida, van de la mano. En cambio, cuando estas dos fuerzas se llevan mal, todos sabemos lo que pasa: las relaciones se transforman en sado-masoquistas, uno de los integrantes de la pareja somete al otro.
Otro ejemplo se da en la glándula tiroides. Si la glándula (Venus) se lleva bien con el yodo (Plutón), todo funciona bien, el metabolismo tiene un ritmo normal. Pero si se llevan mal, sobreviene la enfermedad de la tiroides.
En efecto, la cantidad correcta de tiroxina es el resultado de la unión, amorosa y poderosa, entre la tiroides y el yodo.
Pero la clave para comprender las enfermedades es aceptar que los mismos principios -por ejemplo: Venus y Plutón- funcionan tanto en el organismo, como en la conducta, o el alma. De modo que, cuando las fuerzas del amor y el poder no se armonizan en el alma y la conducta, tarde o temprano se van a desarmonizar también en el cuerpo, enfermándonos.

Cómo surge la enfermedad de la Tiroides
Lo que he comprobado una y otra vez en mi práctica de consultor astrológico y en el trabajo de acompañamiento de la sanación, es que las personas que sufren de tiroidismo, se han hallado ante una situación de impotencia, frente a la cual se sienten aterrados.
Pero la historia viene siempre de más atrás. La disfunción aparece, por ejemplo, ante la pérdida de un personaje poderoso en la vida del enfermo: el padre, la madre, un cónyuge o socio al que el (luego) enfermo se sometía, otorgándole mucho poder. Ese sometimiento tenía en la vida del enfermo una razón: el “poderoso” cumplía la tarea de hacerse cargo de algo que el mismo se sentía incapaz de enfrentar.
Como vemos, hay una relación de amor-poder, pero bajo una forma muy pobre, polarizada: el que luego enfermará vive la situación como “amor” (en verdad, sometimiento), el otro también vive la situación como amor (en verdad está en el polo del “poder”).
Sin embargo, mientras se mantenga esa situación la persona no enferma. Lo que produce la enfermedad es que súbitamente desaparezca el “poderoso solucionador” de la vida del enfermo, sea porque se muere o porque se va. Su desaparición o alejamiento deja al enfermo espantosamente solo ante la situación que cree no poder encarar, y le genera una suerte de “vacío de poder”. Es en esa situación desesperada que sobreviene la enfermedad.
La glándula se hace cargo de la tarea de comunicarle el asunto a la persona ¡para que lo pueda resolver mejor que antes!
La analogía es simple: la alianza con un “poderoso” que se hace cargo de los desafíos que el enfermo prefería no enfrentar, equivale a la glándula tiroides, mientras que esos desafíos que superan a la persona -y también el poderoso que los enfrenta por ella- es el yodo. O sea: la persona logra, mediante una unión tener el poder que sola cree no tener; pero el problema es que hace una unión despareja: se alía con un “poderoso” que se hace cargo de aquello para lo que ella se siente impotente.
Pero, a pesar de que esta es una forma pobre de unión, en la que el amor se confunde con el sometimiento y el poder se proyecta sobre el “poderoso”, en la medida en que ese equilibrio se mantiene, la glándula funciona normalmente.
Pongamos un ejemplo: una mujer hace una alianza (Venus) con el padre, de modo que éste enfrenta las cuestiones que ella no logra enfrentar (Plutón). Allí todavía no hay síntomas; pero un día muere el padre. Ese es el momento en que se revela la enfermedad.
El hipotiroidismo y el hipertiroidismo son dos variantes que expresan los rasgos de personalidad de los enfermos. El primero es la variante de los más tranquilos, el segundo es la variante de los más activos; pero en realidad, ambas variantes son, simbólicamente, la misma cosa.
Puede ser útil para entender cómo se produce esta enfermedad, recurrir a una metáfora: imagine el lector a alguien que tiene un temible oso atado con una cadena en el fondo de su casa, esta persona cree, por ejemplo, que la presencia del oso hace que nadie se atreva a asaltar su casa (posibilidad que la llena de terror). Todo va bien durante un tiempo; pero un día, al volver a su casa, comprueba aterrada que la cadena está rota y el oso no está a la vista.
Ese sería el momento en que se desata la enfermedad.
Dicen que ante el ataque de un oso caben dos estrategias: hacerse el muerto, o correr a toda prisa. El hipotiroideo representa el primer caso, el hipertiroideo es el que escapa a toda prisa.
Lo que se pierde es el equilibrio que la persona había conseguido descargando el fardo de su impotencia sobre un tercero. Desaparecido el tercero, todo el terror y la impotencia se manifiestan. La persona, sin embargo, no puede confesarse esto, de modo que es la glándula la que se hace eco de la situación, tratando por medio del lenguaje de los síntomas, de mostrarle al enfermo lo que ocurre.
Por consiguiente, cuando nos encontramos con alguien que tiene esta disfunción, se trata de hacerle comprender lo que no quiere ver: que se siente impotente o incapaz de enfrentar ciertos desafíos a los que considera aplastantes. ¿Para qué mostrarle esta verdad? Para que se anime a enfrentar esos desafíos por sí misma.
Simplemente, ha ocurrido que la persona ya está madura para asumir un poder mayor; que era el que antes tenía proyectado sobre su aliado “poderoso”. Ahora éste ya no está y ella se tiene que hacer cargo de lo que resolvía aquél. Si la persona logra enfrentar al objeto de su terror, su problema tiroideo disminuye o desaparece.
Por supuesto, que este proceso de toma de conciencia no suplanta al médico.
Nosotros no admitimos en nuestros grupos de sanación a personas que no estén concurriendo al médico, o dejen de hacerlo pensando que todo se arregla con el trabajo nuestro.
Lo que aporta el trabajo de autoconocimiento referido a las enfermedades, es una ayuda y un acompañamiento para el tratamiento médico, sea éste el de la medicina común o el de medicinas alternativas.
Lo que sí se puede afirmar es que, por más que el tratamiento aconsejado por el médico produzca una recuperación, si el enfermo no toma conciencia del significado de su enfermedad, es muy probable que este significado reaparezca bajo una forma de una enfermedad más grave. De allí la importancia de hacer el esfuerzo de interpretar la enfermedad. Y es para eso que la Astrología tiene mucho que decir.

Jorge Bosia
Astrólogo, Profesor de Filosofía, Especialista en Mitología,
Co-director del Proyecto Trenkehué
www.trenkehue.com.ar

 

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