Son
muy comunes los casos de alimentación
carenciada de algunos nutrientes en especial
como por ejemplo, aminoácidos, vitaminas
y minerales. Y esto se debería, en
parte, al cada vez mayor consumo de alimentos
industrializados y refinados, escasos -cuando
no totalmente faltos- de algunos nutrientes.
También hay otros varios factores en juego: contaminación
ambiental, el carácter sedentario de
la vida ciudadana, el generalizado empobrecimiento
mineral del suelo, la falta de tiempo para
hacer las comidas y, por último, el
alto nivel de stress con el que vivimos.
En condiciones normales, una alimentación
mixta, equilibrada y variada, brinda al ser
humano todos los nutrientes esenciales y sobre
todo los aminoácidos, las vitaminas
y los minerales. Pero se incrementa sin pausa
el número de personas que se alimentan
mal, especialmente los "grupos de riesgo":
niños y jóvenes en edad de crecimiento
y desarrollo, adolescentes y adultos que practican
deportes y no prestan atención a su
dieta, mujeres embarazadas y en lactancia,
individuos que siguen dietas fanáticas
y muy restrictivas en calorías para
adelgazar, uso abusivo de laxantes v diuréticos,
alcoholismo, adicción al tabaco, etc.
Y es en estas circunstancias donde hay que
hacer hincapié en la educación
alimentaria, enseñar acerca del valor
nutritivo de los alimentos y, ante ciertas
situaciones, utilizar una adecuada y equilibrada
suplementación de algunos nutrientes,
como las vitaminas y los minerales.
Es bien conocido y aceptado el hecho de que
las condiciones de vida actuales, ya sea por
stress o polución, sumadas a una alimentación
inapropiada, afectan la salud general y causan
numerosas enfermedades. Destacados investigadores
-entre ellos el Dr. Linus Pauling, doble Premio
Nobel, de Química y de la Paz- estudiaron
la utilización racional de los nutrientes,
especialmente de las vitaminas y los minerales,
para el mantenimiento de la salud y la prevención
de dolencias. Estos renovados conceptos médicos
han dado origen a un prometedor capítulo
de la terapéutica: la medicina ortomolecular.
Pero volviendo al tema: ¿Por qué
nuestra alimentación es carenciada?
Porque los actuales métodos agrícolas
(cultivo intenso y aplicación de productos
químicos), los circuitos de distribución
(que incluyen casi sin excepción un
período de almacenamiento), de conservación
y refinamiento, los hábitos alimentarios
(valiéndose de cursos no tan convenientes,
como ciertas formas de cocción, abuso
de azúcares refinados y grasas animales,
"fast food", etc.), llevan a que los alimentos
que se ingieren en esas condiciones ya no
aporten cantidades suficientes de los elementos
esenciales para la salud. De esta manera encontramos
que hoy en día la dieta de muchas personas
-y, lo que es curioso, también de varios
deportistas, especialmente mujeres- es insuficiente
en hierro, calcio magnesio, vitaminas del
complejo B, etc. Analicemos la función,
y por consiguiente la importancia, de dos
que son fundamentales.
La
vida en blanco
El calcio es un elemento esencial en la constitución
de los huesos y dientes. Además participa
en varios procesos:
. Regula la excitabilidad neuromuscular y
asegura la capacidad de contracción
de los músculos. En ambas funciones
también interviene el magnesio.
. Interviene en el proceso de coagulación
de la sangre.
. Ayuda a regular el ritmo cardíaco.
. Actúa en la permeabilidad capilar.
El 90% del calcio presente en el organismo
humano se encuentra en los huesos y los dientes.
Al contrario de lo que se supone popularmente,
el hueso no es una estructura inerte: está
vivo y se ve sometido a continuos cambios.
Esto quiere decir que actúa como un
verdadero "almacén" de calcio. De tal
manera que si las necesidades de este mineral
son superiores al aportado por la alimentación,
el organismo recurre al depósito, que
está en los huesos.
El ser humano tiene necesidad de 800 mg. a
1 gr. de calcio por día. Pero las cantidades
se incrementan en los niños y las mujeres.
Estas últimas, muy especialmente durante
el embarazo y lactancia, y cuando practican
actividades deportivas. Y particularmente
durante la menopausia, cuando deben seguir
una dieta de prevención de la osteoporosis,
entre otras posibles dolencias. En estos casos
se aconseja hasta 1,5 gr. por día.
El calcio se obtiene, fundamentalmente, de
la leche y sus derivados (quesos y yogur),
la clara de huevo, los vegetales verdes (espárragos,
legumbres frescas, repollo, coliflor, semillas
de sésamo, nueces, higos) y pescados
(sardinas, salmón, etc.).
Pero recuérdese que sólo una
pequeña parte del calcio ingerido es
absorbido por el cuerpo: aproximadamente,
el 15%. He aquí entonces que no sólo
hay que abastecerse suficientemente, sino
que también se debe atender a las condiciones
para su asimilación.
La absorción intestinal del calcio
es muy favorecida por:
. Un buen nivel de proteínas y aminoácidos
en la dieta.
. La presencia de lactosa, que es el azúcar
de la leche.
. La vitamina D.
Una alimentación pobre en proteínas
y aminoácidos lleva a que la absorción
del calcio se reduzca a un 5%. Por otra parte,
el depósito y la fijación en
los huesos depende de varios factores:
. Alimentación rica en calcio y aminoácidos
de alto valor biológico. Si se sospecha
carencia, se debe tomar una buena suplementación.
. La acción de la vitamina D, que se
sintetiza en la piel por efectos de los rayos
solares. Y que además está presente
en el hígado, los aceites de pescado,
la leche, los huevos, etc.
. La actividad física y el esfuerzo
corporal, que mantienen activos a los músculos
y aumentan la masa ósea. Recordemos
que la vida sedentaria debilita músculos
y huesos.
. La acción de las hormonas: a) Estrógenos,
que disminuyen notablemente en la menopausia;
b) Testosterona, con la cual ocurre algo similar
en los hombres, aunque en un menor nivel;
c) Calcitonina, segregada por la glándula
tiroides; d) Paratohormona, producida por
la paratiroides.
La
clave del rendimiento
El magnesio actúa junto al calcio en
la dinámica muscular. No es casual
que más del 50% del magnesio que se
encuentra en el organismo se localice en los
huesos, unido al calcio y al fósforo,
junto a los que participa del proceso de mineralización
ósea. Más del 25% de este mineral
se aloja además en los músculos;
de allí la importancia de su presencia
para facilitar la contracción y la
prevención de calambres, las contracturas
y la fatiga muscular.
El magnesio actúa como cofactor enzimático
para los fenómenos energéticos
celulares, relacionados con el metabolismo
energético (el de los carbohidratos
y las grasas).
El requerimiento diario de este mineral tan
importante para la performance deportiva es
de 350 a 500 mg. Pero cuando se realizan sobresfuerzos
físicos o hay agotamiento por estrés,
se aconseja suplementar. Esto último
es aún más necesario en casos
en que el ingreso de magnesio por alimentación
sea insuficiente o dudoso.
El magnesio se obtiene de los vegetales de
color verde oscuro, cualidad que facilita
su identificación porque está
relacionado con el pigmento de la clorofila.
También se halla en los cereales integrales,
en los frutos y la semillas, las legumbres,
las almendras, el maní, el chocolate,
etc.
Es importante respetar el equilibrio entre
estos dos minerales, que podrían considerarse
"la pareja de oro" del deportista: El aporte
de calcio debe doblar al de magnesio para
conseguir una mejor asimilación de
este último. Bien lo de muestra la
naturaleza sabia como de costumbre con las
dolomitas, formaciones pétreas compuestas
por calcio y magnesio en esta proporción,
tan adecuada para el ser humano.
Para finalizar, insistamos en que una alimentación
sana aporta toda la riqueza de sus nutrientes.
Pero también, que no se puede olvidar
a los grupos de riesgo, donde una correcta
suplementación no sólo es conveniente,
sino casi imprescindible.
Dra. Ruth
Groisman
La
Dra. Ruth Groisman es asesora del área científica
y tecnológica de la Cámara de Comercio,
Industria y Producción de la República
Argentina, bromatóloga de la Cámara
de Fabricantes de Alimentos Dietéticos y
Afines, y asesora científica de Nutrifarma.
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