Si
nos preguntáramos las causas de la hipertensión
nos encontraríamos con la sorpresa de saber
que en la mayoría de los casos no hay una
causa conocida, sino una serie de factores que intervienen
en su producción. ¿Cuáles son?
¿A qué factores nos referimos?
Factor
hereditario: Hay una mayor incidencia si
hay antecedentes familiares.
Alimentación: El aumento en la cantidad de sal y grasas
que se consume incrementa la posibilidad de padecer
hipertensión y colesterol.
Riñón: El riñón regula la retención
o liberación del sodio y del agua circulante.
Psicológico: La presión
sanguínea es expresión de la dinámica
del ser humano. Cuando una persona se mantiene constantemente
al borde de un hecho problemático sin aportar
soluciones, está sometida a presión.
Hay un alto nivel de resistencia y esto provoca
hipertensión.
Alcohol:
El consumo excesivo de alcohol, produce
un importante aumento de la presión. El corazón
actúa como una bomba que envía al
organismo alrededor de 5 litros de sangre por minuto,
cuando se contrae, impulsa la sangre hacia las arterias.
La presión más alta alcanzada -máxima-
se llama sistólica, y la más baja
-mínima- diastólica. Para un adulto
los valores normales deberían estar entre
los 130 para la máxima y los 85 para la mínima.
Existen muchas plantas que ejercen una acción
vasodilatadora, siendo muy eficaces en las hipertensiones
no graves y siempre bajo la supervisión y
autorización del médico de cabecera.
Plantas vasodilatadoras: Estas
plantas relajan la musculatura lisa de la pared
de las arterias, produciendo una menor resistencia
al flujo de sangre. Algunas: espino blanco, olivo,
muérdago, ortiga, árnica...
Olivo: Conocido como "el árbol de la paz"
ya era utilizado en Egipto tanto por sus propiedades
alimenticias como curativas. Sus hojas tienen propiedades
vasodilatadoras, antiespasmódicas, antiarrítmicas,
cardíacas, diuréticas y antiarterioscleróticas.
Muérdago: Es una planta
que crece como parásito en otros árboles.
Se utilizan las ramas jóvenes y las hojas.
Se le reconoce actividad hipotensora central por
actuar sobre el centro vasomotor cerebral, también
diurética y para bajar el colesterol.
Espino
blanco: También llamado Crataegus,
regula y activa el corazón, reforzando y
ralentizando sus contracciones. Vasodilatador de
las arterias que irrigan el corazón, coronarias.
Tiene un efecto sedante del sistema nervioso central
y antiespasmódico, que lo hace interesante
en hipertensiones de causa nerviosa.
Plantas
antiateromatosas: el ateroma es un depósito
en la pared de los vasos arteriales de sustancias
grasas junto con plaquetas y fibrina. Produce la
disminución del calibre de las arterias y
con ello la reducción del flujo sanguíneo,
y, al formar depósitos, una rigidez de los
vasos disminuyendo su elasticidad.
Encontramos éstas: ajo, ortiga, alcachofa,
castaño de la india, ginseng, ginkgo biloba,
sanguinaria o siete sangrías.
Ajo: Originaria de Asia central y empleado desde la antigüedad
por egipcios y romanos, se utiliza el bulbo, contiene
fructosanos, de marcada acción diurética,
ácidos orgánicos, vitaminas, sustancias
hormonales y oligoelementos. Todo ello le confiere
interesantes acciones a nivel cardiovascular, efecto
vasodilatador.
Sanguinaria-Siete
sangrías: Planta que abunda en nuestro
país. Su principal cualidad es la de hacer
bajar la presión arterial, lo que la hace
muy útil para los cardíacos y para
las dolencias del sistema circulatorio. También
es recomendada para los diabéticos hipertensos.
Plantas diuréticas: A las
plantas hipotensoras se asocian frecuentemente las
diuréticas, que provocan una eliminación
del sodio, de agua. Destacamos: cola de caballo,
fresno, arenaria, barba de choclo.
Cola
de caballo: Es diurético por excelencia.
Colabora en aquellos casos en los que la hipertensión
está asociada a un componente de retención
de líquidos y a la consecuente elevación
de la tensión arterial, con la particularidad
de que compensa determinadas pérdidas de
minerales que pudieran darse al incrementar la función
del riñón.
Mirta
Nora Bogado
Casa Argos