Hola
querido lector:
¿Cómo estás hoy? ¿Triste
o contento? ¿Conforme con vos mismo, o no?
¿Qué te parece el resultado de las
elecciones? ¿Estás a gusto en tu hogar?
¿Cómo te trata la vida?
Te pregunto porque cada respuesta que vayas elaborando
te irá mostrando donde estás parado.
Pero, sea cuales fueran las respuestas que diste,
es importante que sepas que nuestras vidas son como
una página en blanco, que está lista
para que la escribamos cada día.
Si nos ponemos a pensar en ello nos damos cuenta
que es tan increíble, tan maravillosa esa
posibilidad que tenemos, que nos convierte en privilegiados.
Porque, reflexionemos, ¿quién nos
ata?, ¿quién nos impide realizar aquello
que ansía nuestro ser?, ¿dónde
están las cadenas?
Los tabúes, los impedimentos, están
únicamente en lo que creemos. Si nos corremos
un paso, si nos paramos de otra manera para contemplarnos,
veremos que cambiando nuestra percepción
de los hechos, cambia la realidad.
¿Estamos enfermos? ¿Somos pobres?
¿No tenemos quien nos ame?
Las vivencias que estamos pasando son el resultado
de lo que conciente o inconscientemente planeamos
antes.
Y lo mismo sucede a niveles más amplios.
Ciudades, países, el planeta, se expresan
conforme a como lo piensan quienes lo habitan.
Claro que es posible mejorar cualquier realidad.
Para eso hace falta que se planifique cuidadosamente
cada detalle de cómo queremos que esa realidad
se manifieste.
Todo lo que vemos o vivimos es el resultado de un
plan previo. Nada sucede por casualidad.
La forma como vamos tejiendo cada minuto del día
desencadena lo que cosechamos al final de la jornada.
Y esto es precisamente lo maravilloso. Lo que nos
indica que siempre, en cualquier minuto de la vida
en que nos encontremos, podremos cambiar lo que
no nos satisface.
Para ello hace falta empeño. Y que estemos
atentos. Que nos convirtamos en los señores
de nuestras vidas.
Para que modifiquemos desde adentro, desde la misma
concepción de los hechos, lo que no nos gusta,
o nos hace mal.
Sí, para que la vida sea tal como la queremos,
tenemos que estar atentos. Ser nosotros mismos quienes
la vivimos. Y no que los acontecimientos nos arrastren
y nos dejemos llevar.
Estar atentos para detectar lo que nos hace mal,
lo que nos entorpece, lo que nos impide mostrarnos
en todo nuestro esplendor.
Porque cada uno de nosotros somos diamantes sin
tallar. Y a la vez cada uno es el mejor de los talladores,
que puede convertirse en el más extraordinario
brillante.
Por eso es que hay que estar atento. Vivir la vida
de forma personal. Y cada minuto como si fuera el
último. Aprovechándolo, "sacándole
el jugo".
Nadie, ni el gobernante más poderoso, puede
devolvernos 1 minuto de nuestra vida desaprovechado.
Pensemos en ello.
Y si no nos gustan como están las cosas,
pongámonos a trabajar en este mismo instante,
para mejorar todo lo mejorable. Sin miedos, porque
no nos va a pasar nada malo si intentamos cambiar
nuestra realidad.
Somos los actores de la vida y estamos actuando
constantemente. Representamos el papel que nosotros
mismos elegimos.
Y es tan maravillosa esta vida que, no importa como
estemos, con la sola voluntad puesta en ello, la
podemos mejorar.
Un abrazo.
Marta Susana
Fleischer