Una
clave que nos ayuda a comprender para qué estamos
en el mundo y a dónde iremos una vez que partamos
de él, es la conciencia de la Reencarnación.
El transcurso de una vida es una oportunidad única
para aprender.
Lecciones valiosas se nos van presentando con cada
acontecimiento que nos toca vivir.
Según sea la forma como reaccionamos, si no
nos dejamos vencer ante las dificultades, si nos comportamos
fieles a nuestros principios; vamos anotando puntos
a favor en nuestro libro de la vida personal.
Es que pasamos por el planeta como si nos hubiéramos
anotado en un curso de una Universidad: aprendemos
distintas materias que podrían llamarse Paciencia,
(encargándose la vida de comprobar una y mil
veces con cuánta contamos) Lealtad, (hacia
las propias convicciones y a las relaciones y afectos)
Fidelidad, (a los altos principios de la vida) Amor,
(a todo por igual, hasta que lo manifestemos en cada
acción, en cada respiración, en cada
pensamiento).
Y cuando llega el final del curso, rendimos examen.
Si nos quedan algunos puntos que no aprobamos, tendremos
que volver a dar esa materia, o sea: a re-encarnar
Las personas somos almas que necesitan del cuerpo
físico para adquirir experiencia, a veces las
lecciones que tenemos que aprender resultan demasiado
duras porque no entendemos o no prestamos la debida
atención y nos distraemos en otros asuntos.
El Amor de nuestro Padre en los cielos es tan grande,
que siempre nos da una nueva oportunidad para que
recapacitemos y enmendemos viejos errores.
Somos nosotros -sus hijos- los que no comprendemos
que debemos esmerarnos más, para que una vez
que aprobemos todas las materias, lograremos la preciada
graduación.
Como en la Universidad, hay materias para todos los
gustos y cada uno elige la que más le conviene
ese año (una vida).
Acá muchos se dirán: ¿cómo
me van a hacer creer que yo elegí lo que me
toca vivir, si me sale todo mal y estoy desconforme
con mi pareja, mi trabajo y me falta salud?
Tengan la seguridad que cuando -siendo almas- planificamos
lo que va a ser nuestra vida en este mundo, cuidamos
de elegir lo que más nos conviene, ya que aquí
aprendemos por el sufrimiento... hasta el día
en que nos damos cuenta que podemos continuar aprendiendo
a través de la felicidad y el servicio desinteresado.
Si las cosas no nos resultan como quisiéramos,
intentemos "encontrarle la vuelta": comencemos
por perdonarnos y por perdonar, tratemos de comprender
el punto de vista de los demás y limemos las
asperezas de nuestro carácter.
Ensayemos comenzar cada día con nuestra mejor
sonrisa y digámonos en voz alta que nos preparamos
para que sea un BUEN DIA.
Realicemos un rápido conteo mental de las cosas
que tenemos y de las que podemos dar gracias, aunque
sean mínimas.
¿Tenemos salud? ¿Un perrito que nos
ladre? ¿Agua corriente? ¿Una cama para
dormir? ¿Cenamos anoche? ¿Por lo menos
1 pariente? ¿Ninguno? ¿Y 1 amigo? (Si
no lo tenemos, urgente hay que encontrarlo) ¿Un
techo? ¿Estamos enfermos pero "la vamos
sorteando"? ¿Tenemos fuerzas para caminar
y seguir adelante? ¿Y ganas de vivir?...
Pensemos en qué cosas nos hacen falta para
ser felices.
Es probable que si le damos vuelta a la idea durante
un rato, lleguemos a la conclusión que para
ser felices necesitamos... NADA.
Porque descubriremos que la felicidad es un estado
de ánimo, algo que nos nace desde adentro;
un ver el lado positivo en cada cosa que nos pasa.
Y sentiremos en nuestro interior -como se enciende
una luz en la oscuridad- que somos Dioses aprendiendo,
hijos de un Padre que espera que lo descubramos con
los brazos abiertos y que somos su manifestación.
Entonces entenderemos el verdadero significado de
la vida.
Marta Susana Fleischer