¿Escuchó
hablar a alguna persona que medita y le gustaría
intentarlo por su cuenta, pero no se anima?
¿Cree que el meditar es para unos pocos "elegidos"
que realizan algún tipo de preparación
especial?
¿Conoce a ciencia cierta qué es la
meditación y qué fines persigue?
¿No medita porque no conoce un lugar apropiado
a donde ir, con gente que le merezca confianza?
¿Y qué tal si empieza por su cuenta?
Para meditar no se requieren grandes conocimientos,
ni lugares extraordinarios. Basta con aquietarse
en una habitación donde no será interrumpido
y disponer unos minutos para encontrarse... con
usted mismo.
Lo primero con que deberá contar será
con voluntad, que le dará persistencia en
el deseo de búsqueda.
A veces en un principio no se está seguro
de qué buscar y aparecen expectativas de
fenómenos de los llamados "paranormales".
Estos bien pueden ser efectos secundarios de la
meditación, pero es un error intentar meditar
para desencadenar visiones o audiciones de otros
planos de vida.
Se medita para sentirse mejor, para aquietarse y
escuchar al Dios que habla desde el corazón.
Para eso hay que dejar de lado los pensamientos
que perturben e intentar concentrarse en un punto
en el centro del pecho, porque -una vez más-
no se medita con la mente sino con el corazón.
La posición ideal para meditar es sentarse
con la columna vertebral bien derecha, en una postura
cómoda, no forzada, con las palmas de las
manos hacia arriba y concentrarse en la respiración.
Respire por la nariz y preste atención al
aire que entra y sale de los pulmones, siguiendo
mentalmente su trayectoria hasta que se normalice
la respiración.
Si bien la posición para meditar descripta
es la mejor, muchas veces se puede meditar acostado,
caminando, viajando en un colectivo y hasta sentado
en un bar rodeado de gente. Todo depende del deseo
interior que mueve los hilos y permite la conexión.
¿Qué conexión? Puede ser con
el guía espiritual que cada persona tiene,
con su ángel guardián, con la mente
de los Maestros de la raza -acá no importa
qué religión profese cada uno- o con
la Presencia Divina individualizada, Dios en nosotros.
¿Cómo se reconocen? Con paciencia,
sin apuro, con la práctica y una firme voluntad
de superación se irán produciendo
los cambios de conciencia necesarios que harán
posible el axioma: Cuando el alumno está
preparado aparece el Maestro. Y ese maestro es justo
el que cada quien necesita, el que le corresponde,
el más apropiado para ese instante de su
evolución. Se trata de convertirse en un
buscador de la Verdad y-por sobre todas las cosas-en
un servidor.
El factor que desencadena todas las respuestas es
el trabajo interior y hacer trabajo interior consiste
en mirarse, profundamente, pidiendo conocer la Verdad
y obtener la Sabiduría. Trabajo interior
es vigilar cada actitud que tuvimos durante el día,
cómo tratamos a nuestros hermanos, cómo
son nuestros pensamientos y cuáles son las
metas más profundas que anhelamos, aquélla
que tal vez jamás contamos a nadie. Y trabajo
interior es por sobre todas las cosas discernir.
Discernir sobre nosotros mismos. Cuándo hacemos
bien y cuándo no. Y tener la convicción
absoluta que no corresponde juzgar las actitudes
de los demás... Que apenas si podemos juzgarnos
nosotros mismos. Que cada persona que habita este
Planeta es nuestro hermano o hermana, ya que todos
somos hijos de un único Padre.
Todo esto y muchísimo más es el trabajo
interior que desencadena el estado de meditación.
Es conveniente y apropiado meditar al principio
siempre en el mismo lugar y a la misma hora. En
un ambiente limpio. Las oraciones purifican el aire
de lo que podría llamarse ondas mentales
negativas . El Padrenuestro es una oración
universal de protección que sirve para todas
las religiones. Y pedir la Guía Divina para
nuestras acciones. El tiempo de meditación
será de 15 minutos que de a poco podrán
aumentarse. Lo importante es sentirse cómodo
y que la meditación proporcione una sensación
de relajamiento y bienestar.
Puede centrarse toda la meditación en un
solo pensamiento y las respuestas que surjan al
mismo consistirán en el trabajo interior.
Por ejemplo: ¿para qué medito?
o ¿me siento satisfecho con mi comportamiento?
o ¿qué espero de la vida? o ¿qué
querrá Dios para mí? o ¿me
gusta la vida que llevo?, ¿qué cambiaría?
No trate de forzar las respuestas sino de lograr
que lleguen solas, pidiendo inspiración para
resolver cada pregunta.
Medite sobre uno o dos temas por vez, pidiendo la
ayuda Divina para ver la verdad de la situación
y una vez finalizada la meditación agradezca
a los seres de Luz que acudieron en su ayuda.
Tenga la certeza que siempre que los invoque los
Hermanos Mayores vendrán en su auxilio.
No tenga al principio demasiadas expectativas ya
que -como dijimos- se trata de una cuestión
de tiempo y de demostrar que tiene la vocación,
el deseo interior de mejorar y superarse, y que
para eso medita.
Marta Susana
Fleischer