DIJO DIOS: "Haya luceros en el firmamento celeste, para apartar el día de la noche y valgan de señales para solemnidades, días y años".
"Hizo DIOS los dos luceros mayores: el lucero grande para el dominio del día y el lucero pequeño para el dominio de la noche".
Así se expresaba el libro del Génesis. Luego los hombres durante cientos de años adoraron a estos luceros y los convirtieron en dioses: el dios Sol y la diosa Luna, a los que les atribuyeron cuerpos, nombres, funciones, virtudes y defectos.
También los místicos expresan: "El Sol, la Luna, y las estrellas son Seres Vivos, nacen, evolucionan y mueren; "No son meros objetos del firmamento, sino que son Espíritus Vivos que comparten la vida del Cielo y de la Tierra y expresan sus influencias".
Observaban el cielo y sabían que con la salida del Sol despertaban sus actividades, comenzaba la acción, el trabajo, la lucha, la defensa, había un despliegue de la energía hacia el afuera; esta luz del día los llevaba a organizar, planificar, ordenar, y objetivar sus tareas, es decir, los llevaba al estado consciente de su vida.
Pero también sabían que al atardecer, el Sol se dormía y aparecía la Luna, indicando la hora del reposo, la calma, la reflexión y la meditación. Su vida interior cobraba sentido; era tiempo de emociones, recuerdos, fantasías, y sueños. Los cuentos y las leyendas de los antepasados cobraban vida. Afloraban los contenidos del inconsciente.
Pero esto no era todo; a veces observaban que a pesar de ser pleno día, el Sol se oscurecía y la Tierra también. Y esto ocasionaba algunos problemas, los animales se inquietaban y las personas también y algunos días después sucedían hechos extraños: cambios de clima, inundaciones, enfermedades o muertes; eran los eclipses.
El hombre trataba de encontrarle una relación a los procesos del cielo y de la tierra y trataba de vivir armónicamente de acuerdo a ellos. Por eso observó permanentemente los procesos de la Naturaleza y tenía en cuenta los días, las noches, las estaciones, los cambios climáticos, las mareas, la siembra, los cultivos, la caza y la pesca. Todo respondía a un ritmo y respetar ese ritmo le garantizaba el éxito.
A medida que el hombre fue creciendo en sofisticaciones, y que la ciencia y la técnica avanzaron a pasos agigantados, se dejó de observar el cielo para buscar relaciones, se menospreciaron los ritmos de la naturaleza. Se creyó que de ese modo, apresurando las cosas y buscando soluciones rápidas, se mejoraría la calidad de vida; hoy sabemos que no es así.
Ya nos lo decía la sabiduría de la Biblia, en Eclesiastés, Cap.3:
"Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo:
Su tiempo el nacer, y su tiempo el morir,
Su tiempo el plantar, y su tiempo el arrancar lo plantado,
Su tiempo el matar, y su tiempo el sanar,
Su tiempo el destruir y su tiempo el edificar,
Su tiempo el llorar y su tiempo el reír."
¡Cuánta verdad hay en ello! Por eso creo que conocer los ritmos naturales que el cielo nos brinda, a través del Sol, la Luna y las estrellas y aprovechar sus influencias, puede ser de gran utilidad en nuestra vida cotidiana, física, anímica y espiritual.
La Astrología es una de las técnicas que desde la antigüedad concibió al hombre como parte de una totalidad, y de un universo; y trató y sigue tratando de buscar las relaciones existentes entre las estrellas y el hombre.
Utiliza las posiciones de los planetas en el cielo para el momento del nacimiento, realizando un mapa que se denomina carta natal y a partir de ahí va estableciendo las relaciones entre el hombre y el Universo. Esas configuraciones planetarias nos describen tendencias, posibilidades y dificultades en diferentes planos: físico, anímico o espiritual.
La carta natal es como un sello que imprime el Creador al hombre, ya que marca un instante cósmico, único e irrepetible; a partir de allí continúa el camino que todo ser humano debe realizar. Digo continúa porque somos el resultado de una sucesión de experiencias vividas antes de nuestro nacimiento. La vida actual no es más que una continuidad de lo ya vivido.
La Astrología, a través de la carta natal, nos permite descubrir esa relación entre vidas anteriores y la actual; nos muestra el camino que debemos continuar y el significado que todo desarrollo de vida contiene.
Por lo tanto la tarea primordial del astrólogo es la de ayudar al consultante a descubrir su propio potencial y su propia realidad, para que así logre la plena realización como individuo maduro. Además es muy importante mostrarle las etapas de su crecimiento y la energía que puede movilizar en esos momentos. Se pone el énfasis en el proceso interior que la persona debe desarrollar para crecer y madurar como ser humano espiritual que es.
Cada experiencia que vive la persona se convierte en una lección de vida, ya que por medio de la carta natal podemos explicar el significado profundo y la finalidad de los acontecimientos.
Considero que lo más importante y válido de la interpretación astrológica es que, para cada individuo, hay un SENDERO QUE EL CIELO LE MARCA, para que su alma pueda crecer y evolucionar. La carta natal nos permite describir ese sendero y el significado profundo que cada vida trae por el solo hecho de haber nacido.
Prof.
Marta Cohen
Astroanalista
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