En
general las personas consideran cada síntoma
de enfermedad como un mal en sí mismo, un mal
que debe ser inmediatamente eliminado. No hay mayor
error que ese. Realmente la enfermedad es un mal,
pero los síntomas de la enfermedad son procesos
curativos. No deben ser detenidos ni suprimidos bajo
ninguna circunstancia. En un cuerpo enfermo las condiciones
que se manifiestan durante la cura, muchas veces coinciden
con la gravedad del caso.
El
dolor físico es la misma voz de la Madre Naturaleza
advirtiéndonos sobre un peligro. Ella habla
mediante los nervios, delicados, vigilantes e inteligentes
protectores del cuerpo.
La
dieta crudívora
En su libro "El valor medicinal de la
uva" la Dra. Jhoanna Brandt se expresa así
con respecto a los beneficios que aporta una dieta
que contenga únicamente alimentos crudos:
"Es
casi imposible dar suficiente énfasis a la
importancia de la dieta crudívora. Si pudiéramos
instruir al pueblo al respecto, las enfermedades serían
erradicadas en los próximos cincuenta años.
Los
alimentos crudos son más fácilmente
digeridos y más rápidamente eliminados
que los alimentos cocidos. Los crudos no tienen tiempo
para sufrir la descomposición en el tubo digestivo.
No existe fermentación indebida y ningún
motivo para el envenenamiento por toxinas.
Como
muchas de nuestras enfermedades son debidas a la debilidad
y flaccidez de las paredes del estómago y de
los intestinos, se produce un benéfico resultado
cuando el proceso de la digestión es activado,
habiendo tiempo para la debida contracción
de los tejidos. Su elasticidad es así renovada.
Por
eso aconsejo sinceramente a mis pacientes abstenerse
de toda forma de alimento cocido durante los tratamientos.
Como es realmente muy difícil convencer a las
personas que los alimentos no cocidos son más
nutritivos, consentimos aunque reaciamente, en la
introducción de una comida diaria de alimentos
cocinados".